Crítica: Adéle y el misterio de la momia

Cartel“Las extraordinarias aventuras de Adéle Blac-sec” es un comic del magnífico historietista francés Jacques Tardi. Luc Besson, director de cine del país vecino, que diera en el pasado tantos y tan buenos ejemplos de cine, –”Juana de Arco”, “El quinto Elemento”, “León el profesional”, cine inteligente y cómplice con el espectador-, nos  recrea en la pantalla grande su mirada del comic, sin conseguir hacer con esta película su mejor singladura. El asunto es que “Adéle y el misterio de la momia” no tiene el peso como para formar un conjunto logrado desde lo estético, lo técnico y lo visual.

La  historia más o menos es esto: corre el año 1912, Adéle Blan-sec,  una intrépida y joven reportera, asumirá todos los retos para lograr lo que se propone, incluyendo el de navegar por Egipto para investigar momias de todos tipos y tamaños. Mientras tanto, en París están conmocionados, ha nacido un pterodáctilo de un huevo que tiene más de 136 millones de años, dicho huevo se encontraba expuesto en el Museo de Historia Natural, el recién nacido y enorme animal sobrevuela París cuando quiere, sobre todo cuando le aprieta el hambre y los ciudadanos parisinos están que se mueren del miedo, esto es a groso modo el pie de la narración.

El problema de esta película es que cuando entras al cine no sabes que está trabada en clave infantil; al principio de su recorrido lo verificas, pero a medida que la vas viendo encuentras que la temática y su desarrollo no son para este sector del público, es difícil saber a quién va dirigida, es demasiado surrealista y punteada para los niños, y demasiado boba para los mayores. Sin embargo, si se entras en su juego, haciendo un buen propósito, disfrutas de una magnífica reconstrucción del París de principios del siglo XIX, los bonitos paisajes desde la Torre Eiffel al Louvre, son divinos, quizás con cierto tono de tarjeta postal, pero al menos mejoran un poco una película insuficientemente enlazada y realizada con una incomprensible inapetencia creativa.

“Adéle y el misterio de la momia” podía haber sido una idea pasable para una comedia absurda, pero está demasiado estirada por el lado ficticio y se rompe, dando como resultado un producto que pasa la prueba  porque te ríes de la pura entablonada fantasiosa.

Los actores representan unos personajes histriónicos y bizarros; no se sabe si su deficiente interpretación es culpa del personaje o si por el contrario no han sido capaces de introducirse en la farsa que encarnan. Louise Bourgoin, la guapísima actriz, se luce en su papel, a veces un poquito  sobreactuado, pero en general saca adelante su papel de aventurera valiente.

“ Adéle y el misterio de la momia” es una película que va más allá de la alineación de un determinado género, para rematar, cuando llega la resolución le introducen un nuevo matiz insensato y delirante.

Por suerte hemos ido a verla en grupo, palomitas, refresco y nos hemos reído bastante. Al salir Inma  me ha mirado y ha dicho: “una tontería divertida”. Con ese calificativo me quedo.

Crítica: Un juego de inteligencia

CartelNo suelo comenzar hablando de la trama pero haré una excepción con “Un juego de inteligencia”. Productor de televisión, ésa es la profesión de Rainer (Moritz Bleibtreu), y haciendo programas basura tiene un enorme éxito, programas necios y mediocres, con los que se lleva las máximas audiencias. Un día conduciendo bebido y hasta arriba de coca, tiene un accidente, cuando se recupera, se pone a trabajar en un proyecto más serio, pero éste, es un fracaso de audiencia, en ese momento Rainer con una amiga que conoció en el hospital, Pegah, (Elsa Schultz Gambard) consigue agrupar a algunos hombres parados, algún marginado social y se embarcan en una  aventura de medición de audiencias y de sabotaje.

Al empezar a hacer esta crítica de “Un juego de inteligencia”, me pregunto si es efectivo hacer una película con variantes tan ilógicas y poco creíbles, nos habla de un hombre con éxito que despilfarra su estatus y el director, Hans Weingartner, nos lo cuenta de una manera rígida que se torna cargante y se va gastando en su desarrollo. El guión, poco exprimido, muestra una historia totalmente engañosa, como es que a un rico productor de programas de éxito en televisión se le cambie el chip y un día salga a la calle y sea un proletario reivindicativo, esto no hay quien se lo crea, la  gente así no se baja de su esfera. Cuesta imaginárselo, no me imagino a los productores de las dos cadenas de programas basura que tenemos en España, bajándose al nivel mínimo, para que la mayoría de los espectadores veamos programas de cultura, no.

“ Un juego de inteligencia” se queda simplemente en una idea no desarrollada, un film que lamentablemente se sitúa en la categoría de película sin atractivo ni alternativas lógicas, sólo queda en la buena intención de mostrar lo imposible, pues omite la idea de que hay muchos muros que romper para lograr una cosa así.

Hans Weingartner juega con un tipo de cine poco formado (expositivamente hablando) en el que gente de otro nivel social, nos viene a solucionar los problemas que los espectadores tenemos, pero que sin embargo en realidad no hay nadie que tenga un descenso a los infiernos. No, y no, desde ningún punto de la lógica. No es una mala película, ”Un juego de inteligencia” contiene momentos de buen cine y como ya he dicho la idea es buenísima, pero contada de otra forma hubiésemos tenido mucho que decir, y que hablar. En esta cinta se echa en falta aquel director que hizo “Los Edukadores”, bueno, un traspié lo tiene cualquiera, hasta los mejores tienen en su filmografía alguna película de la que no quisieran acordarse

Moritz Bleibtreu y Elsa Schultz Gambard, fenomenales en sus respectivos papeles, sobre todo él que representa un personaje complicado, el resto del reparto muy adecuado, bien elegido.

“Un juego de inteligencia” en el año 2007 estuvo nominada en San Sebastián a la Concha de Oro.

En resumidas cuentas, no aburre pero cuenta poco para lo que quiere demostrar, yo la recomiendo para espectadores que quieren ver cine con el cerebro en off.

Crítica: Vincere

Cartel«Vincere». No son muchas las veces que toca elogiar a un director de cine y a la amplitud de su obra, como en este caso lo haré con el cineasta italiano Marco Bellocchio, hombre de pensamiento y compromiso social y ciudadano inconformista, su vida tiene el aire de sus películas, hay en él una fuerza que golpea imprimiendo su propia experiencia cotidiana en sus creaciones. Ha dirigido más de una treintena de películas, siempre a caballo entre la historia y la política, sus películas son una muestra incomparable de la actualidad de lo atemporal. Entre otras muchas, Bellocchio nos ofreció “La sonrisa de mi madre”; “La Gaviota”, sobre el texto de Chejov; “Enrique IV” y “Buenos días Noche”, en donde muestra el secuestro de Aldo Moro, primer ministro italiano, por militantes de las Brigadas Rojas, película que por su calidad y la polémica que ocasionó, fue muy reconocida y premiada. De la verosimilitud y los procedimientos utilizados depende siempre la eficacia de sus películas, de forma natural, de hecho, casi  sin decir nada, nos sumerge en un minucioso fresco histórico.

La película de la que hablamos, “Vincere”, nos revela una parte escondida de la historia del dictador Benito Mussolini (Filippo Timi) en un retrato inequívoco, muestra a su mujer y a su hijo injustamente repudiados por los intereses del opresor. Ida Dalser (Giovanna Mezzogiono) es su esposa, en los tiempos en que Mussolini es un joven dirigente del partido socialista italiano, él quiere triunfar a costa de lo que sea. Ida, que esta perdidamente enamorada y que espera su primer hijo, lo vende todo, su apartamento, su sastrería, su salón de belleza, las joyas, todo, incluso los muebles, por su marido. Con ese dinero Mussolini funda el periódico “Il Popolo d´Italia”, (publicación que después sería el corazón y la raíz del fascino italiano). Por esas fechas, estalla la primera guerra mundial, él desaparece de la vida de Ida Dalser y cuando logra encontrarle son despreciados ella y su hijo. Ida luchará con todas sus fuerzas por lograr recuperarle y que sea un padre para su hijo pero este hombre ha cambiado, está casado con otra mujer y se mueve en los campos del fascismo.

Apacible, estimulada por excesos de realismo y la estética de Bellocchio y Daniele Cipri, “Vincere” utiliza imágenes oscuras, reales en blanco y negro, algunas tan levemente tratadas que parecen de relleno pero que dan el tono para cubrir un tema amplio de aspectos profundos. Si a ello le sumamos la tensión en el desarrollo, la interpretación de todo el conjunto de actores, continuamente invitando al espectador a la complicidad de su actuación (Michela Cesmon, Frabrizio Costella, Fausto Russo Alesi), además de un gran elenco de secundarios y la música de Carlo Crivelli, con esas  bellas partituras que adornan al compás toda la galería de imágenes de este seudo-documental, conseguiremos una obra completa.

La importancia añadida de “Vincere” está en que realmente tengamos la oportunidad de aprender con cada fotograma lo que la historia nos ha dejado.

Ha sido premiada en Cannes, Telluride, Toronto, Nueva York, en el Festival de Cine de AFI,  en el FIB de Chicago y en los Premios del Cine Europeo. No es una película de gran taquilla, de hecho en Madrid sólo se proyectaba en siete cines.

Es una buena película de autor acostumbrado a seguir las andanzas de las sombras, dándoles una oportunidad para revivir.

Crítica: Las vidas posibles de Mr. Nobody

CartelPor las arterias del cine francés estamos viendo que circula sangre cinematográfica de calidad. “Las vidas posibles de Mr. Nobody”, la película que hoy analizamos, entra dentro de la catalogación de cine fantástico,  precisamente en el Festival de cine fantástico de Sitges, fue premiada, y  su valor ha sido reconocido en los festivales de Estocolmo y Venecia. Su director Jaco Van Dormael se ha recreado en hacerla durante varios años, con localizaciones de Bélgica, Canadá y Alemania, nos abre el telón de su ficción con una paloma y una hoja seca que vuela, como una metáfora existencial.

Inmovilizado al principio ante un hecho tan insólito, Nemo empezó a pasear en torno a sus padres , como por azar, impulsado por una fuerza de mera sorpresa buscando con ojos inquietos, intentado saber lo que pasaba. Los padres de Nemo se han separado, su madre se va de casa, en un momento, en cuestión de segundos, el crío debe decidirse: o se marcha con su madre o permanece al lado de su padre, el tren se aproxima… Ya ha llegado, su madre sube, su padre abajo detrás de Nemo llora, se irá, se quedará, un dilema con el que este niño de nueve años se tiene que enfrentar.

De aquí parte esta filosófica película, mostrándonos la vida como un cuaderno en blanco que hay que ir escribiendo, y en su desarrollo un puzzle que debemos construir. Jaco Van Dormael nos enseña el auténtico significado de lo atemporal y lo temporal, y a la vez exige un reto nada fácil para el espectador, que recibe la propuesta con confusión y sorpresa. Los continuos giros inesperados, los constantes saltos en el tiempo y la sub-realidad de muchas imágenes, hace que permanezcamos enganchados casi sin respirar, a su enorme tela de araña, una historia en la que se nos muestra de forma intercalada lo que significan en la vida los caprichos del azar.

“Las vidas posibles de Mr. Nobody“ es un tremendo planteamiento de diferentes juicios, una crónica de ejercicio, aplicada a los principios de una norma; en una obra cuyo principal fin es demostrar que todo sucede porque tiene que suceder y porque no somos nuestros dueños.

Su enfoque de debilidad del hombre como individuo, la forma de presentar el romance, la comunicación del mensaje, la música apropiada aunque ya escuchada, pero igualmente deliciosa, la fragilidad del personaje principal, la fotografía, los efectos visuales, el reparto: Jared Leto, Sarah Polley, Diane Kruger, Linh Dan Pham, Rhys Ifans, Natasha Little, Toby Regbo, Juno Temple, Clare Stone, Thomas Byrne, y algunos más, hacen de esta película una propuesta sumamente interesante y da muestra de la capacidad de su director y guionista Jaco Van Dormael. Al que acompañan en el trabajo audiovisual, Christopher Beaucarme, en la fotografía, y  Pierre Van Dormael, en la música.

Puede gustar, o no, pero es imprescindible verla.