Crítica: Un regalo para ella

Cartel“Un regalo para ella” es una obra póstuma del director de “Germinal”, “Uranus”, “El manantial de las colinas” y un sinfín de películas mas, Claude Berri. Francois Dupeyron (“Qué es la vida”, “Clandestino”, “La machine”) retoma el trabajo tristemente abandonado por su antecesor. Con la cabeza y las manos actuando solas y los pies en los pedales de la bicicleta.

Así empieza esta película en cuyo argumento se encierra la vida de una pareja que celebra su aniversario, el quinto. Ella Nathalie (Mathilde Seigner), él, Jean- Pierre (Alain Chabat).  Nathalie ya tiene su regalo, una pluma, pero Jean-Pierre no sabe, no encuentra el regalo adecuado, de repente se le ocurre la maravillosa idea de comprarle a su chica una mascota y nada más atractivo en estos casos que un perrito, un bulldog. La sorpresa es increíble, no podía haber  tenido mejor acierto, le ponen de nombre Trésor, Nathalie no cabe en sí de alegría, mima al  perro, lo acuesta en el dormitorio, en fin, que, lleva los esmeros perrunos, al máximo y, claro, esto a Jean-Pierre le mosquea un poquito, y es que además el can ronca, aquí empiezan los problemas de esta fenomenal pareja.

“Un regalo para ella” es una comedia costumbrista, que parece banal, pero analizando el desarrollo de la narración, no es para nada simple, nos muestra un trío amoroso, el perrito, es el catalizador, que hace que fluyan las frustraciones de los personajes y salga a la luz el desgaste de la pareja, la relación de ellos se había convertido por consenso tácito en una coexistencia tolerada, antes del aniversario, ya carcomida, y el animalito es el detonante que la hace saltar por los aires.

Esta narración de tono muy francés, me ha hecho pasar una hora y media extraordinaria, es una película muy agradable, no tiene pretensiones rompedoras. No es la película que esperábamos viniendo de donde viene ni innova de forma alguna el mundo del cine, en eso creo que estaremos de acuerdo, pero también valoraremos, su peso como entretenimiento, hace años la película “Beethoven” llegué a verla varias veces, pues “Un regalo para ella” es semejante, una historia que empieza bien, se complica, para después volver a componerse bellamente tierna.

No sería justo olvidar algunos detalles curiosos, como la forma de llegar a la comicidad por medio de los encantadores chuchos, hay varias escenas donde los gestos y los detalles son buenísimos y contribuyen al resultado, decisivamente.

El elenco interpretativo está encabezado por Alain Chabat, actor frances de renombre internacional, además de haber hecho pinitos en la dirección con “Asterix y Obelix: Mision Cleopatra”, película que produjo Claude Berri; junto a él, Nathalie Seigner, compone un personaje encantador. El resto del reparto funciona adecuadamente en esta comedia, que mirándola bien, es más seria de lo que parece.

Con todo lo dicho, me atrevo a recomendarla, es entretenida y no ofende  la inteligencia de los espectadores, no tiene mucho para destacar pero tampoco para criticar, queda una aceptable película que irradia simpatía y nos sumerge en el eje de una revuelta sentimental.

Buscando a Eric

Ambientada en Manchester en la actualidad, Eric Bishop (Esteve Evets), es un cartero, al que le apasiona el fútbol. Ahora está pasando por una mala racha, su mujer le ha abandonado, dejándole con los tres hijos de ella y que él reconoció como suyos. Los chavales son conflictivos y viven a su aire, sin ocuparse para nada de su padre. La película empieza en el momento en el que Eric conduce en dirección contraria, para suicidarse, y tiene un accidente. Lo que él no sabe es que le espera una sorpresa, pronto va a conocer a su ídolo Eric Cantona… y hasta aquí puedo contar.

El director Ken Loach, de la mano de su inseparable guionista Paul Liverty, en perfecta comunión, nos  presentan una película, que no dejará a nadie indiferente, contada con la amenidad de la mejor narrativa, sencilla  y compleja a un tiempo, con la que ganaron el Premio del Jurado ecuménico en el último Festival de Cannes.

Loach es un mago del realismo social y obrero, y nos desgrana un personaje buscando su dignidad, resaltando un claro mensaje de valor, a esta película le noto un estilo más desinhibido que a otras, pero es en definitiva, la misma lección de conciencia social. Vemos, dolidos, la necesidad que tienen las personas de sentirse queridos, de familia, amigos y compañeros, ante un mundo que está dispuesto a engullirnos.

Vida dura donde las haya, es el concepto en el cual se basa esta película.

“¿Cuándo fue la última vez que fuiste feliz?”, le pregunta su  psiquiatra a Eric y él piensa en un famoso gol, que su ídolo marcó hace tiempo… Esta  escena te llega  a lo más profundo. Te sientes dentro de la piel del protagonista. Resulta lacerante tal cantidad de infortunios en un solo personaje.

Si un hombre destaca en el cine europeo, éste es Ken Loach, sus numerosos trabajos lo corroboran, lleva años siendo único, toda  su obra se nutre de sus propios recursos, sin adscribirse a ningún modo de innovación fílmica, creciendo gracias a destellos de audacia que extrae directamente de su talento natural.

En este largometraje nos enseña una escenografía, basada más en el reflejo atmosférico de los acontecimientos, que en efectos visuales convencionales, pues su atención está encaminada a lograr la filmación del interior del personaje, y no el mundo circundante.

La  cinta la coproducen varios países europeos.

La obra de Loach está acompañada de un grupo de actores trabajando con extrema lucidez y naturalidad la escena, de la forma que sólo este director consigue plenamente. Menciono especialmente a Eric Cantona, ex jugador de fútbol del Manchester United.

Una historia contundente, magnética, con una perfecta complementariedad apostando por el ser humano. Este cercano director de cine, realiza el ejercicio de su profesión ayudando al prójimo.

Os la recomiendo.

Paris

ParisCon el marco incomparable de Paris nos llega este sencillo y nada sorpresivo film, drama comedia, que nos recuerda a otras muchas películas francesas.

El hilo conductor de esta película es la propia ciudad, sus calles, sus panorámicas vistas   desde una terraza, sus mercados, sus tiendas pequeñas y algunos lugares emblemáticos.

Esta cinta, dirigida por Cédric Klapisch, desarrolla varias vidas de diversa procedencia, que coinciden en distintos sitios aunque sea poco tiempo. Vidas  cruzadas.

Pierre (Romain Duris) está esperando un trasplante y su hermana (Juliette Binoche) pone todo de su parte para que la situación le sea mucho más leve.

El desarrollo de la temática está muy edulcorado, no creo que  la  recordemos mucho tiempo, pues no llega a emocionar pese a la carga de drama que sopesa. No trasmite nada en absoluto.

El único factor positivo son los escenarios abiertos, la atmósfera y la agilidad con que este director nos lleva de una historia a otra. Por lo demás, es una historia fría, sin movimiento, lineal en su contexto y apática en su discurrir. Hasta los actores contagiados de tanto muermo no dan aquello a lo que nos tienen acostumbrados. Juliette Binoche destaca algo, pero no te engancha.

Mucho Paris en tono de tarjeta postal con un guión  pobrísimo.  Ni los paisajes ni los actores salvan a este producto aburrido que no tiene identidad, hecho con dos brochazos y que pasa al apartado de “por qué fui a verla al cine”.

¿Qué es la vida?

Cartel

Hacía mucho tiempo que llevaba detrás de ver esta película y por fin la he conseguido.
“¿Qué es la vida?”, es una película de nacionalidad francesa, dirigida por Francois Dupeyran (“Clandestino”, “La machine” y  “El pabellón de los oficiales”, de todas también guionista). Se estrenó el año 1999 y logró la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián a la Mejor Película.

Sus protagonistas son Eric Caravaca, al que le dieron un premio Cesar al actor revelación. Este intérprete también ha protagonizado “El elegido”, “La clienta” y “Eden al oeste” que se estrena en octubre bajo la dirección de Constantin Costa-Gavras.

A Jaques Dufilho también se le premió con la Concha de Plata al mejor actor por su trabajo en este largometraje. Este largo nos narra, de forma muy cruda y realista, la historia, de una familia. El argumento lleva una gran carga del pasado que repercute enormemente en el presente del personaje, Nicola (Caravaca) debido al choque que supone que un joven labriego quiera buscar su futuro y realizarse en la ciudad, solo y sin dinero, en una sociedad capitalista. Podemos ver la angustia que se produce él mismo al intentar dejar de ser quien es, un campesino  que ama los amaneceres,  acaricia la tierra en sus manos y que trae al mundo, con la ayuda de su abuelo, los becerros de sus vacas.

Es una narración de tono lírico, donde las ilusiones no tienen fronteras, con una gran dosis de poesía,  en la que comprobamos que a este director le sobra habilidad para condimentar la historia de unas vidas grandes hecha de pequeñas cosas. Nos lo cuenta con ritmo pausado, con unos personajes muy atractivos y con una narrativa tersa. Nos los enseña con rumbos ya dibujados en la arena del destino. Su peculiar estructura  presenta espacios deseables para el espectador, pues las ilusiones no tienen fronteras y esta hora y media de película te transporta.

Bella historia de humanismo. Bien contada y con  maravillosos paisajes.

Un trabajo atrayente y reflexivo sobre el poder que debiera tener el campo sobre los hombres y cito una frase de la película: “No nos haremos ricos, pero si tenemos tierra nunca pasaremos hambre”.