La duquesa

Saul Bibb, en este su tercer trabajo, nos enseña una historia biográfica sacada del libro de Amanda Foreman, por Jeffrey Hatcher y Anders Thomas Jensen.

Desarrollada a finales del siglo XVIII, “La duquesa” está basada en la vida de Georgiana Cavendish, convertida en la duquesa de Devonshire. Mientras que su hermosura, carisma y sentido de la mujer ante la moda la hacían conocida, en su vida sentimental no se sentía realizada, tras un matrimonio joven con el  displicente Duque de Devonshire, un hombre infiel, rígido, distante. Georgiana se convierte en un símbolo de estilismo y elegancia en el vestir, una joven madre, una avispada política, conocida confidente de los ministros y príncipes, y querida por el pueblo. Pero de lo que  realmente habla este film es de la desesperada búsqueda del amor, en una época donde la mujer no podía salir de los cauces marcados, si no tenía algún tipo de poder. La película muestra el apasionante romance que surge entre Georgiana y Lord Charles Grey, futuro Primer Ministro, y el complejo triángulo amoroso con su esposo y su mejor amiga, Lady Elizabeth Foster.

Liviana a la vez que inteligente, densa e intensa, traza un desolador panorama, de las maniobras políticas, que todo un sistema de poder lleva adheridas como espolones inevitables, esta película nos muestra al gran duque de Devonshire, hombre alejado del sentir de su gente, incluso de su propia esposa, a la que rechaza en la intimidad, pero a la que quiere para guardar apariencias y poderes.

Inicialmente  y visto desde fuera parece una historia más de rancias monarquías, pero cuando la cinta avanza vamos viendo la perspectiva; una mujer discriminada, una mujer valiente, una mujer deslumbrante pero desgraciada.

De las actuaciones, destacamos a Keira Knightley que logra un papel convincente dando vida a la duquesa infeliz, una mención muy especial para Ralph Fiennes también hace un personaje perfectamente desarrollado.

La música de Rachel Portman, llega con intensidad a las imágenes.

Si os apetece verla, está en DVD

Este  comentario se lo dedico a una linda joven cordobesa.

Toda la culpa es de mi madre

Después de mi  feliz estancia de Nochebuena y Navidad en Valladolid, volvemos a los comentarios (antes, mi reconocimiento a mis anfitriones, Soraya, Antonio y Lara). La película de hoy es francesa, de Cecile Telermam, que dirige su segundo largo y como en el primero,  “Por qué las mujeres siempre queremos más”, las féminas tienen un papel primordial. Esta directora tiene poca trayectoria cinematográfica, siempre ha ejercido su carrera de abogada, hasta el año 2004 que incurrió en el mundo del celuloide, y según mi criterio muy acertadamente.

“Toda la culpa es de mi madre”, es la historia de Mady Celliers (Charlotte Rampling, Nunca me abandones), que, a sus 60 años, es la matriarca de una familia llena de problemas  mentiras y secretos. Su marido exdirector general de su propia empresa, ha cambiado radicalmente desde su jubilación hacia una regresión que Mady no comprende, y su hijo mayor es un empresario con mala suerte en los  negocios. La situación de esta  mujer se completa con sus dos hijas, a las que critica continuamente: Alice, una pintora de «madonnas» tristes y Annabelle, una enfermera que lee el futuro con mucho acierto. Cuando Alice debido a un problema, es detenida, conoce, a Jacques, un policía, casado pero no felizmente, entre ellos surge “algo,”…. y a partir de ahí el engranaje familiar cambiará para siempre.

La directora disecciona las relaciones entre padres e hijos y el peso de los secretos familiares. Esta historia ha sido escrita entre la propia directora y su colaborador, Jerome Soubeyrand, como una historia melodramática en torno a varias personas que sufren por no ser como realmente desean ser. Cada uno de los miembros de la familia Celliers tiene una psicología totalmente distinta, indefinida o contradictoria, pero sirve como engranaje de un mecanismo que salta en pedazos con la incursión de una nueva e inesperada incorporación,  Jacques.

En el elenco, bastante serio, encontramos a actores de gran talla, dando vida a personajes muy creíbles, dentro de este film enfocado hábilmente para resaltar la maternidad, que es el concepto en el cual está basada la película (que no la familia).

La película, ya de entrada, empieza con el Ave María de Schubert., y su recorrido está lleno de verosimilitud en la narrativa. El guión es algo previsible, pero siempre creíble, (agarrándonos a las casualidades extremas  que muchas veces se dan) con alternativas que importan dentro de su grado de autenticidad.

La música muy  delicada, custodia a las imágenes, con sonoridades gratificantes, en un bonito arreglo musical, que da savia a la exposición, y aviva más  su carga de realismo. Muy atrayente aunque no pretende nada más que ser un pasatiempo, y además es fiel a la cotidianidad de la vida.

Muy adecuada para una tarde de cine, en un día lluvioso de finales de mes y de año

El Baile de la Victoria

Antonio Skarmeta en el año 2003, ganó el Premio Planeta con la novela “El Baile de la Victoria”. Aquel impulso toma ahora forma en el cine y nos lo sirve en apropiada bandeja, Fernando Trueba, con guión adaptado del propio Skarmeta y Jonás Trueba.

Corren malos tiempos en Chile, ha pasado la dictadura de  Pinochet. Es de esos momentos de la historia, que todos sabemos que los gobiernos, para dar pruebas de democracia, se sacan de la manga una amnistía y deciden sacar de las cárceles a todos los presos que no tengan delitos de sangre. El mismo día salen dos hombres; el joven Ángel Santiago (Abel Ayala) y Vergara Grey (Ricardo Darín); el primero, un chico con todo por hacer, con ganas de comerse el mundo y poner las cosas en su sitio al que se portó mal con él; y el segundo, un famoso atracador, que sólo necesita volver a casa  para encontrarse con su mujer y su hijo. Coinciden casualmente y planean algo gordo, pero todo se complica con la llegada a sus vidas de Victoria (Miranda Bodenhöfer ) una linda joven bailarina, que arrastra una terrible historia de fatalidad, tristeza y desconsuelo.

“El Baile de la Victoria”, es nueva concesión que Trueba hace al cine español, que ha sido designada por los miembros de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, para representarnos en los Oscar en la categoría de “Película de habla no inglesa”. En este mismo apartado, este director ya consiguió un Oscar por Belle Epoque  en el año 1994. Además,  Fernando Trueba posee dos Goyas al mejor director uno de el año 1990 y otro del año 1993 además de otro Goya a la mejor película documental en el año 2004.  Pero por la película que más se le conoce  popularmente es por “La Niña de tus ojos”, que tuvo un gran éxito de publico.

Este director no se propone cambiar el mundo, sólo es éste otro paso detrás de la cámara que pretende dejar huella en los espectadores, él sabe que hay un buen guión y unos buenos actores y los mima dándoles lucimiento, en diálogos, miradas, llantos, cabalgando, danzando o  simplemente siendo parte del paisaje.

En cuanto a la música, han sabido cómo llegar con la banda sonora adecuada a la médula de cada momento crucial, mediante una pieza de bella composición dando mayor vehemencia dramática en los momentos emotivos que viven los protagonistas.

Si de actuaciones hablamos, todo el elenco trabaja su papel dignamente, pero os destaco a Abel Ayala que hace un papel encantador, de Ricardo Darin no se puede decir otra cosa que es de aplauso cada vez que aparece en escena.

La cautivadora imagen de Miranda Bodenhöfer, con sus dulces bailes, dentro de una fotografía tenue, bien contrastada en todo momento, nos eleva a una visión, ideal y deliciosa.

Tengo el convencimiento que Trueba seguirá buscando espacios, añoranzas  y melancolías, para que sigamos imaginando y haciendo visibles las ilusiones del celuloide.

Yo recomiendo a todos esta magnética película.  Sin palomitas ni refresco sólo de la mano de tu pareja.

Buscando a Eric

Ambientada en Manchester en la actualidad, Eric Bishop (Esteve Evets), es un cartero, al que le apasiona el fútbol. Ahora está pasando por una mala racha, su mujer le ha abandonado, dejándole con los tres hijos de ella y que él reconoció como suyos. Los chavales son conflictivos y viven a su aire, sin ocuparse para nada de su padre. La película empieza en el momento en el que Eric conduce en dirección contraria, para suicidarse, y tiene un accidente. Lo que él no sabe es que le espera una sorpresa, pronto va a conocer a su ídolo Eric Cantona… y hasta aquí puedo contar.

El director Ken Loach, de la mano de su inseparable guionista Paul Liverty, en perfecta comunión, nos  presentan una película, que no dejará a nadie indiferente, contada con la amenidad de la mejor narrativa, sencilla  y compleja a un tiempo, con la que ganaron el Premio del Jurado ecuménico en el último Festival de Cannes.

Loach es un mago del realismo social y obrero, y nos desgrana un personaje buscando su dignidad, resaltando un claro mensaje de valor, a esta película le noto un estilo más desinhibido que a otras, pero es en definitiva, la misma lección de conciencia social. Vemos, dolidos, la necesidad que tienen las personas de sentirse queridos, de familia, amigos y compañeros, ante un mundo que está dispuesto a engullirnos.

Vida dura donde las haya, es el concepto en el cual se basa esta película.

“¿Cuándo fue la última vez que fuiste feliz?”, le pregunta su  psiquiatra a Eric y él piensa en un famoso gol, que su ídolo marcó hace tiempo… Esta  escena te llega  a lo más profundo. Te sientes dentro de la piel del protagonista. Resulta lacerante tal cantidad de infortunios en un solo personaje.

Si un hombre destaca en el cine europeo, éste es Ken Loach, sus numerosos trabajos lo corroboran, lleva años siendo único, toda  su obra se nutre de sus propios recursos, sin adscribirse a ningún modo de innovación fílmica, creciendo gracias a destellos de audacia que extrae directamente de su talento natural.

En este largometraje nos enseña una escenografía, basada más en el reflejo atmosférico de los acontecimientos, que en efectos visuales convencionales, pues su atención está encaminada a lograr la filmación del interior del personaje, y no el mundo circundante.

La  cinta la coproducen varios países europeos.

La obra de Loach está acompañada de un grupo de actores trabajando con extrema lucidez y naturalidad la escena, de la forma que sólo este director consigue plenamente. Menciono especialmente a Eric Cantona, ex jugador de fútbol del Manchester United.

Una historia contundente, magnética, con una perfecta complementariedad apostando por el ser humano. Este cercano director de cine, realiza el ejercicio de su profesión ayudando al prójimo.

Os la recomiendo.