Triage

Del director bosnio Danis Tanovic (ganador de un Oscar a la mejor película de habla no inglesa por “En tierra de nadie”) nos llega otra película antibélica, sacada de la novela de Scott Ardenson, antiguo corresponsal de guerra, el guión lo ha adaptado el mismo periodista.

Mark (Colin Farrell) y David (Jamie Sives) son dos amigos, experimentados fotógrafos de guerra que deciden ir al Kurdistán  a tomar fotos de la contienda que allí se está desarrollando. Pasan unos días horribles y Mark no quiere retirarse del campo de batalla sin haber sacado la foto de su vida, pero David está cansado de esta situación desgarradora y se vuelve  a Dublín para estar con su esposa y ver nacer a su hijo.

Muchos coincidirán conmigo, que el recuerdo que dejó “En Tierra de Nadie”, su primera película, hace que esperemos mucho de este director, y más aún siendo del mismo género. A estas alturas y con esta temática, como es natural, nos habría atrapado, pero no ha sido así; no obstante, la forma del film posee una  regular combinación.

Deteniéndonos en las actuaciones  sólo puedo valorar como aceptable la de Colin Farrell, a  Paz Vega no hay que valorarla tanto, he visto mejores actuaciones suyas.

La película impacta desde lo visual, con imágenes agresivas, que muestran como a duras penas, en una guerra, se puede distinguir entre un hombre o un animal rabioso, de ahí las secuelas que padecen los que las sobreviven.

Insisto en que, teniendo en cuenta la verosimilitud del argumento, este  largo no llega a tocar el nervio emotivo del espectador, se queda a medias, si bien es pasable en su representación general, se palpa que ha sido desperdiciado su potencial.

Resumiendo, película con pocas situaciones estimulantes, como para una historia que debieras estar siempre sobresaltado.

Lo mejor el mensaje y la música de Lucio Godoy.

Ágora

Estamos ante una película dirigida  por el siempre vivificante, Alejandro Amenábar; escrita por él y su habitual colaborador, Mateo Gil; que cuenta con el apoyo del director de fotografía catalán, Xavi Jiménez, un hombre brillante que tiene en su haber más de una veintena de películas, algunas de ellas con nominación a los Premios Goya.

Amenábar, joven director en su quinta película, nos sorprende de nuevo con un gran largo. En este caso se trata de la historia del mayor foco cultural de la Edad Antigua, Alejandría en el siglo IV d.c., durante la implantación de la religión cristiana, que  coexiste con la judía bajo el dominio del Imperio Romano. Es ahí donde el imparable avance de los cristianos crea un conflicto de creencias.

El director de “Los otros” y “Mar adentro” nos hace ver la necedad de las religiones ante la ciencia y el saber; la necedad, sobre todo, de los exaltados religiosos del cristianismo más oscuro. Esa intolerancia de los intransigentes que, en nombre de la fe, destruyen  el conocimiento, la lógica  y la cultura.

Para ello pone como ejemplo principal a Hypatia, la primera mujer matemática de la historia del mundo, una mujer ilustrada y liberada, sabia en ciencia y filosofía, que ofreció grandes talentos al mundo por medio de su escuela.

Hypatia está interpretada por Rachel Weisz, que entrega toda su capacidad y da vida, con méritos, a esta mujer segura de lo que quiere y no quiere en la vida. Hay que destacar también el trabajo de los actores Max Minchella  y Oscar Isaac que encarnan a Davo y a Orestes.

“Ágora”, -con un presupuesto de 50 millones de euros-, nos permite a todos ver el triste destino de la cuna de conocimiento que representó la Biblioteca de Alejandría y nos sorprende por la forma divulgativa y didáctica de la narración. Si está bien conseguida la lucida fragmentación del hilo narrativo también es admirable la cohesión del conjunto.

Fanatismo bien plasmado, ambientación  perfecta, vestuario logradísimo y decorados adecuados, son todos aciertos de Amenábar. “Ágora” es una película que puede presentar algún agujero leve pero que no limita su fidelidad narrativa y se alza como una historia fuerte que congrega los sentimientos más profundos de los espectadores, frente a la crueldad y el envilecimiento.

A la hora del análisis, el filme cumple altamente las expectativas, no sólo por la realización sino también por los aspectos  técnicos y artísticos, sencillamente deslumbrantes.

Como discurso final, la película nos deja que “los errores grandes de la vida siempre se firman con sangre inocente”.

Siempre a tu lado (Hachiko)

Siempre a tu lado - HachikoLo primero que quiero decir es que cuando leí que esta película era la historia de un perro  y que estaba basada en hechos reales, se me vino a la memoria un perro llamado Tarugo que hacía compañía a mi padre en su trabajo en un fábrica de aceite de la provincia de Córdoba. El perro era de la empresa pero, cada día, cuando mi padre salía de trabajar, Tarugo lo acompañaba hasta la puerta de su casa. Después volvía sus pasos de nuevo a la fábrica. Así día tras día hasta que mi padre dejó de trabajar. Tarugo siguió en la fábrica pero ya no fue nunca el mismo. Dicho esto, con todo mi cariño a ese recuerdo, paso a comentaros la película.

“Siempre a tu lado (Hachiko)” narra la historia de un profesor de universidad que, un día, al regresar a su casa del trabajo, encuentra un cachorro Akita vagabundeando. En un principio piensa en darlo en adopción pero rápidamente el animal hace encauzar las acciones y conductas de este hogar e ilumina con su ternura el círculo familiar.

Esta película es un remake de la película japonesa Hachiko Monogataria de Seijiro Koyama. Ahora esta versión americana nos emociona y saca las lagrimitas.

El sueco Lasse Hallstron busca en los espectadores la empatía necesaria para que la narración les contagie.

La cinta es simple en su narración pero en la forma está muy conseguida. Richard Gere cumple con su trabajo y hace que su papel sea convincente. Es admirable como el actor es capaz de entablar esa relación con los distintos actores-perros que interpretan el papel de perro-protagonista.

Película sobre perros que gustará incluso a los que no amen a estos animales. Merece ser vista para observar y entrar en relaciones tan bonitas.

Edén al oeste

Eden al Oeste

El director franco-griego, Konstantinos Gavras, nos toca de nuevo la fibra con una de sus películas «Edén al Oeste». Este cineasta griego, residente en Francia, siempre comprometido con los temas sociales denuncia, en esta ocasión, el tema de la inmigración. De esta forma convierte en protagonista al sufrimiento, aún cuando la película está llevada de forma amena.

Nos cuenta la historia de un chico que quiere llegar a Paris desde Grecia. Embarcado en un bote con una treintena de personas inician la travesía a la tierra prometida con la esperanza de una oportunidad para sus malogradas vidas. Pero, como siempre, al llegar a la costa, la policía los captura. El protagonista, Elías (Ricardo Scamarcio, Tengo algo que deciros), puede saltar al agua y aquí empieza su peregrinaje en tierra.

El protagonista, junto con el resto de los actores, son el vehículo que nos lleva a hacer el recorrido a través de la historia. Este desconocido actor no tiene una actuación deslumbrante pero es fiel a lo que representa.

Costa Gavras, de forma desgarradora, nos dice lo segregacionistas, indolentes y desconsiderados que somos con esta gente que está de espaldas a nuestro mundo, “los nuevos parias de la tierra”. Ellos sólo buscan el estado del bienestar y la prosperidad que nosotros disfrutamos.

El cine de este director, siempre en la línea del compromiso, denunció el fascismo en la alta sociedad en “La Caja de Música” y en “Senderos de Traición”, arremetió contra la política griega en “Z” y contra la rusa en “La Confesión”, se manifestó en contra de los militares latinos en “Estado de Sitio” y contra Pinochet en “Desaparecido”, así mismo obró contra el holocausto judío en “Amén” y contra los nazis en “Sesión Especial”.

Después de una etapa de cine, digamos, “americano”, a mí, “Edén al Oeste”, me parece que nos muestra una línea muy francesa. Sea cual sea su técnica al trabajar, este director, a través de su cine, nos dice que no perdamos el norte del trasfondo humano. Explica determinadas cuestiones que hay que poner sobre la mesa, como la vida de la gente que entra ilegalmente en los países desarrollados. Su situación los condena a una imperdonable cladestinidad.

Sobre la resolución final os lanzo una pregunta: ¿qué mensaje nos está dando este buen director de cine? Espero vuestros comentarios.