Crítica: No habrá paz para los malvados

cartelEnrique Urbizu después de años de ausencia de la pantalla, con “No habrá paz para los malvados”  nos da la pauta de cómo renovar el género sin ser ridiculizado. Lo que recrea esta película está muy lejos de ser un tema aislado, por lo que el director español se juega su paleta cinematográfica y su notoriedad como director de cine; el experto del cuadro arcaico de las pasiones, renueva su confianza empeñada con el  actor español José Coronado, en su voluntad de que la unión alcance el éxito como en anteriores trabajos, Caja 507 (2002), La vida mancha (2003).

Coronado encarna la justicia tranquila y fuera de la ley, metiéndose en la piel del inspector de policía Santos Trinidad, un hombre amargado por distintos motivos, que se conduce y se rige de modo arbitrario pasando por encima de cualquier consideración o mandamiento. Dentro de la historia, también la juez Chacón, (Elena Miguel), el buen policía, Leiva (Juanjo Artero), y el compañero paciente, de Santos Trinidad, Rodolfo (Rodolfo Sancho)

La trama, sin ser del todo única, atrae y prende por momentos, gracias al hecho de que todo se enmaraña de manera espantosa para el personaje principal, haciéndote partícipe del drama que vas a presenciar. “No habrá paz para los malvados” no adolece de nada. Todo su tiempo es un continuo ir y venir de sensaciones de sobra populares, como el odio, la violencia, la soledad y la muerte.

La película es perfecta en todo su universo, con un actor, Coronado, metido en su papel, un policía a ratos justo, a ratos pasional, efectos producidos por el mundo que le rodea y el escondido mundo que nos acecha, enterrado en el sufrimiento y la suciedad.

Así como en “No habrá paz para los malvados” hay un ligero humo de thriller americano, que comprime su buen ritmo de película española actual, otro acierto de su director Enrique Urbizu. Para mí es una película importante y el actor principal digno del más merecido Goya.

Que cada uno haga su eco particular.

Crítica: Hanna

CartelHoy lunes realizamos la crítica de “Hanna”. Después de que en “Orgullo y prejuicio” y “Expiación” sacara su lado más romántico, y que con el prisma del “Solista” pudiéramos concebir taxativamente los encuentros contiguos del signo social en el cine de Joe Wright, el director de nuevo se pronuncia transformador con su nueva película “Hanna”, abordando cuestiones y meditando con las políticas.

Hanna (Saoirse Ronan) es una adolescente de quince años, con la potencia, el aguante y la inteligencia de un soldado curtido, posee habilidades avanzadas en la lucha, todo gracias a su padre, Erik (Eric Bana), un retirado agente de la CIA. Viven solos en la zona más cruda y agreste de Finlandia. Hanna coexiste de manera distinta a la de otras chicas de su edad y ha sido entrenada y educada por su progenitor para ser una perfecta asesina, cuando más perfeccionada se encuentra, su padre la envía a una misión por la que tendrá que cruzar medio mundo, siempre huyendo de los agentes que van tras ella, enviados por una agente dueña de inquietantes secretos Marissa (Cate Blanchett) que está loca por capturar a la muchacha. Persiguiendo su difícil objetivo, la chica tendrá que enfrentarse a algunas revelaciones sobre su vida y a preguntas insospechadas sobre su existencia…

“Hanna” es un thriller de acción radical con un toque especial, comienza gélidamente en su acción, y poco a poco incuba regateos de inflexión que pueden llegar a perderte, en este sentido, resulta difícil poner balizas sobre algunas ondas del entramado. Joe Wright dibuja otras preocupaciones concéntricas, no menos inquietas y en torno a ellas prima el sentido de la observación y la exploración que, si bien no es nuevo en el cine, llama la atención por el modo utilizado por este director, concentrando gestos y ficciones en cada plano. En una misión depuradora y rotunda, en su afán de cambio llega incluso a peinar sentimientos, tratando de dar con los personajes justos para determinados papeles anecdóticos. Joe Wright alterna los pasajes violentos con una comedia en la línea de entes alienígenos y un trasfondo permanente de retorcida fábula, su música y gestión te harán entrar en el juego de un fascinante pero completo caos, que bajo su  dirección es suficientemente firme y enérgico como para dotar de crudeza e ingenuidad a una historia delirante.

Joe Wright con “Hanna” enarbola un realismo intachable, combinando géneros y removiendo sentimientos, llegando incluso a insinuar inspecciones comparativas a sus anteriores compromisos con algún guiño soslayado.

Debo destacar la buena elección de los actores: Saoirse Ronan, genial, en un papel que parece creado para su lucimiento; muy acertada Cate Blanchett, como casi siempre, el resto del elenco, precisos.

Entretenida y perspicaz. (Su página web merece la pena).

 

Crítica: El inocente

CartelBrad Furman se sirve de una trama compleja para proyectar su segundo título en la gran pantalla, una película contrastada y sutil. La crítica de “El Inocente” la realizamos comenzando por resaltar a Michael Connelly, un escritor estadounidense famoso por sus novelas de detectives y delincuencia. Uno de sus libros “El abogado del Lincoln” es el que ha servido de base a Furman en el guion de esta película. Cuestiones morales aparecen en la continuidad de los protagonistas que con acierto crea este desconocido escritor.

El argumento de la película “El inocente” permite, en su desarticulada medianía, sacar algunas conclusiones acerca de los vicios adquiridos en estos privilegiados trabajos, en los que “presuntamente” se puede manejar y deformar lo que al jurista de turno se le antoje.

En este caso, hablamos de Mickey Haller (Matthew McConaughey). Mickey es un abogado que se ha especializado en defender a criminales de poca monta procedentes de los barrios bajos, así pasan las fechas y no le va nada mal, pero un día se le presenta la oportunidad de defender a Louis Roulet (Ryan Phillippe, Franklyn), un rico heredero detenido por el intento de asesinato de una prostituta. Sus expectativas dan un enorme vuelco, pues defender al multimillonario significa percibir unos ingresos muy superiores a los que está acostumbrado. Sin embargo, aunque el caso es engañosamente sencillo, acabará por tener consecuencias inesperadas, y mucho más cuando su ex mujer Maggie McPherson (Marisa Tomei, Cyrus) es la fiscal del distrito más estricta de todo el condado.

“El inocente” tiene todo lo necesario para enganchar al espectador. Tiene mucho ritmo, acabando en un esclarecimiento con un significativo módulo justiciero que, aunque cabe imaginar, nunca llega a saber al dedillo. Furman prima los caminos más consabidos y más del agrado del espectador, buscando una conexión sentimental con el personaje de McConaughey, sobre el cual giran las circunstancias de la historia, y fácilmente, el actor consigue transmitir las objeciones de un protagonista que salta del fondo familiar al profesional, defendiendo además a un tipo cuyas acciones son difíciles de entender y aún menos de admitir. Esta contradicción, que sería la base principal del film a debatir, no lo es, pues la exhibición de fotografía, música, imagen y el regocijo taxativo en el desarrollo es tal que todo análisis o reflexión pasan a segundo lugar.

Además, “El inocente” es una película de actores. Tiene muy buenas interpretaciones, destaco principalmente a Matthew McConaughey, realmente sobresaliente en su afanoso papel, evidentemente por encima de todos, cumple aquí con uno de los mejores trabajos de su carrera, realizando una interpretación admirable, creo que junto con su trabajo en “Escalofrío” ésta es su mejor exégesis. Destacar también a Marisa Tomei, pocas veces ha estado tan estupenda como en “El inocente”, su naturalidad y puesta en escena es acertadísima. Y por supuesto, John Lucas (Legion, Como la vida misma), William H Macy, Laurence Manson, John Leguizano (Gamer), Michael Peña (Invasión a la tierra),… Al frente de todos ellos: Furman realiza una excelente dirección de actores y consigue que los personajes sean todos entrañables dentro de cada específico personaje.

Mejor no vean el tráiler.

Crítica: Sin identidad

CartelDos años después de “La huérfana”, Jaume Collet Serra vuelve a dirigir su mirada hacia la intriga, en esta ocasión ha escogido para llevar a la pantalla un  libro del escritor francés Didier van Cauwlaert. Hacemos crítica de la película “Sin identidad”.

El sugestivo punto de partida de este entretenido thriller, podía ser el de cualquier serial de espionaje, su argumento se mueve en parte de la vida de un americano que visita Europa con su mujer Elizabeth Harris (January Jones), y está a punto de hospedarse en un hotel de Berlín, el doctor Martin Harris (Liam Neeson). Por casualidad, sufre un accidente de tráfico y entra en un prolongado estado de coma. Cuando se despierta, comprueba alarmado que su esposa no le reconoce y otro hombre ha tomado su personalidad. Con la ayuda de la chica que el día del accidente le llevó en taxi, Gina (Diane Kruger, Las vidas posibles de Mr. Nobody), emprenderá una frenética investigación para averiguar la verdad de lo que está sucediendo.

“Sin identidad”  es un thriller que juega en todo momento con el espectador, pero no sólo eso, sino que a la vez se juega con los personajes, dándole ese tono genérico, no previsible, con algunos elementos algo novedosos que le dan al film ese correcto toque diferencial que le eleva por encima de la mediocridad  imperante.

La película tiene un gran laberinto y su título: “Sin identidad” encarna perfectamente lo que su director nos quiere  contar, manteniendo en todo momento el manejo de las situaciones que van confluyendo. Dos caminos tenemos para ir desgranando esta ficción política, por un lado el oscurantismo  del entorno y por otro el semblante de urgencia de su protagonista por saber de su pasado. El  director maneja la intriga como si fuera una partida de ajedrez que se jugase con algunas piezas invisibles. Algunos golpes de guión resultan excesivamente impostados pero desde el escepticismo que permite la distancia sobre los verigüetos de la trama, el film no sólo entretiene sino que atrapa.

Todo  apunta  hacia diferentes desenlaces de un final que se atisba en el horizonte y llega de forma inesperada.

Una de las sorpresas de este film, además de ver conducirse con arte a Liam Neeson, es ver actuar a Diane Kruger, compañera en el reparto y cómplice acompañante del doctor Harris en su largo camino de obstáculos.

No aporta nada espectacular ni tan siquiera notable al género pero sale muy airosa de su difícil apuesta.