Crítica: Caza a la espía

Cartel“Caza a la espía” nos enseña a Doug Liman luchando por sustraer a su estilo cualquier  insinuación gratuita, una purga cinematográfica con el reclamo de una biografía, y así atado al galeón de sus pulsaciones lucha por ofrecer al espectador una mirada que también es la suya. Nos narra la historia real de Valerie Plame (Naomi Watts), una agente de la CIA cuya identidad fue desvelada por miembros de la Casa Blanca, para desacreditar a su marido, el diplomático Joe Wilson (Sean Penn) que acusaba a la administración Bush de haber manipulado a la Agencia Central de Inteligencia con respecto a la existencia de armas de destrucción masiva en el sistema de Saddam Hussein y que así tuviera sentido la invasión por la fuerza de Irak. Tiempo antes, Valerie fue contratada para dirigir una investigación sobre la existencia de dichas armas en Irak. Su marido también fue arrastrado a la investigación, su trabajo consistía en confirmar una supuesta venta de uranio enriquecido por parte de Nigeria, pero la administración de Bush no toma en cuenta sus conclusiones y muy al contrario utiliza la tergiversación para encabezar el asalto ingrato a Irak. Joe por cuenta propia escribe un editorial en The New York Times explicando su verdad, iniciando una iluminada polémica. Poco después, la categoría de agente secreto de Valerie es revelada por un periodista de alto nivel de Washington. Con su identidad al descubierto y todas sus relaciones de trabajo en peligro, Valerie se ve inducida a una realidad límite, perseguida, blindada y ceñida a unas condiciones irrespirables.

Pese a que “Caza a la Espía” nos hable de una  enorme corrupción, de esa mentira que nos invadió a todos emprendida por Estados Unidos pero seguida por nuestros gobernantes, no tiene la fuerza que yo esperaba, más bien no esperaba, deseaba; sí denuncia aquello tan vil que hicieron unos pocos y que todos estamos pagando, para mí peca de anemia de diálogos  explícitos a partir de la comprensión del contexto histórico y social de aquel momento, pero en todo instante, la ambición realista de Liman queda clara, ya en la primera secuencia viendo que personajes y sucesos están basados en unos hechos reales tan discutidos y sentenciados.

Es ésta una película específica y ajustada, su fisonomía argumental y el nexo de su impulso hacen que la dura mentira tome la correspondida fuerza y la importancia obligada para que el metraje sea de la categoría que es. Nos muestra la trayectoria y maduración de una iniciativa que crece y crece saltando por caminos de obstáculos pisoteados salvajemente a golpe de cañón.

“Caza a la espía” es un ejercicio intenso de política creíble. Naomi Watts hace sin duda un buen trabajo, en esta película se le adivina un apego especial al personaje y así lo transmite para que suene totalmente real, Sean Penn da vida a ese héroe a la deriva, recluso en un circuito de sucesos desde el momento que no confiesa con el dictamen que sus jefes, y lo desarrolla como siempre, desde la tranquilidad de saberse dueño del personaje, pues está fabricado a su medida.

Hay películas que su historia es tan elevada que hace que no establezcas criterios en cuanto a detalles técnicos, ésta es una de ellas. “Caza a la espía” ha reabierto en mí un hueco de memorias desafortunadas, aunque lo que tanto hiere nunca sale del recuerdo. Recomiendo, verla y deseo que la mentira nunca más triunfe cuando de robar vidas y libertades se trate.

Crítica: La otra hija

CartelParafraseando a Luis Berdejo, “fui a Hollywood por una razón matemática”, es donde más se rueda.  Él se siente satisfecho de haber hecho una película de estas características y los espectadores elogiamos a un joven español que tiene la fuerza y la energía del riesgo.

En “La otra hija” el director español clava sus retinas en la perspectiva del futuro nada convencional ni típico, sino, brusco y maléfico de una familia americana. John James (Kevin Costner, The Company Men) es un escritor de novelas  americano, se acaba de separar de su esposa y decide que su nueva residencia sea en Carolina del Sur, tiene dos hijos, un chico Sam (Gattlin Griffith) y una chica Louisa (Ivana Baquero) , la niña no está de acuerdo ni en la separación de los padres ni en el sitio en el que van a vivir, tiene esa edad, en la que todavía no se comprenden las cosas que nunca se debieran de producir, una edad en la que todo en la cabeza discurre desde la lógica. En una soleada mañana de primavera, en un mes en que la campiña es de verde intenso, el señor James llega a su nuevo hogar, una hermosa residencia, toda ella rodeada de una corta hierba, enmarcada con grandísimos sauces y pinos, el olor a campo la hace más esplendorosa. En un extremo un visible montículo cubierto de briznas de ramas y de una tierra grumosa, por el que suben y bajan un reguero de hormigas buscando las  semillas para su sustento, más al frente, el bosque poblado de formidables árboles, y justo detrás de la casa, un estanque donde los nenúfares se desarrollan a sus anchas, como dueños absolutos del entorno inmediato. La percepción primera deja una buenísima impresión, es un precioso lugar en plena naturaleza, una casa enorme con un jardín magnífico. John James, baja del coche y espera que bajen sus hijos, mira al frente admirando  lo que tiene delante, en ese momento Sam llega a su altura y abriendo los ojos con sorpresa coge las llaves de las manos de su padre, apresurándose para abrir la puerta, con Louisa las cosas no han  mejorado, antes de entrar en la casa, le pregunta James “¿qué te parece?”  Y la joven hace una pausa en su caminar para después proseguir diciendo: sabes lo que me parece. Ahí comienza lo que podía ser una estancia maravillosa, pero esta película es de miedo y el género no da para bienestares.

La otra hija”, si algo tiene de contradictorio la película, a pesar de todos los aplausos que puede recoger, es que la historia está muy agotada, por lo que no hay tanta intriga como nos gustaría para poder disfrutar de resolver la trama. Con esta película, la ópera prima de Berdejo, estamos  al corriente, de entrada, de las intenciones de cada personaje y sólo queda por despejar en qué forma se desarrollan los acontecimientos. Creo que el guión de John Travis, sacado de una narración corta de John Connolly, proporciona un paquete un tanto aceptable en el exterior, de buena y correcta factura, pero hueco y vacío en el interior, no está confeccionado de forma intrigante para ir consiguiendo un progreso emocional del espectador, sino que por el contrario ya sabemos de antemano el final que se nos va a proporcionar, particularmente su avance dramático resquebraja la amabilidad del conjunto. Por otra parte, es digno de elogio, como antes  he dicho, que un joven cineasta español, después de trabajar con acierto y fortuna en los cortos, haga un largo y tenga el éxito que está manejando esta película. Está realizada  en EEUU pero allí no ha salido para el cine sólo se estrenó  en DVD.

El reparto cumple, no puedo decir que las actuaciones sean magníficas pero son convincentes, menciono especialmente a Kevin Costner como el más verosímil, Ivana Baquero en un papel principal  le pone nota de solvencia, y la interpretación de Gattlin Griffith, como  personaje secundario, aceptable, ya que su papel tiene menos relevancia.

Bajando las escaleras de la sala, me pregunto: ¿Por qué los escritores, en las películas se cambian de casa para escribir un nuevo libro? ¿Por qué las cercas de las fincas son siempre de tablitas blancas y poco altas?

¿Por qué esta película tiene un título que revienta el misterio?

Crítica: Carancho

CartelEs insólito por no decir convulsivo, el hecho de que en las películas se denuncien infinidad de  asuntos de  gravedad que ocurren en un país y, que sigan sucediendo, sin que ni gobiernos, ni abogados, jueces o policías se den por aludidos y pongan el remedio para pararlo, ¿será que quieren que se siga sembrando el caos para que después venga un orden más justo?, ¿hasta cuándo?  En Argentina mueren al año en sucesos de circulación más de 8 mil personas, una media de veintidós por día; más de ciento veinte mil resultan heridas. Los últimos diez años, han dejado cien mil muertos. La cantidad de millones que necesitan las víctimas  para afrontar gastos médicos,  producen un gigantesco mercado, mantenido por las compensaciones de las aseguradoras, la mayoría de los fallecidos no superan los treinta y cinco años, detrás de todo esto existe un mercado tenebroso de mafias que se matan por llevar los casos  de los accidentados, con frutos sustanciosos para sus repletas cajas.

Una fuerte denuncia articula el planteamiento, nudo y desenlace de “Carancho”, desarrollada en argentina, une la base de los personajes, con la realidad urbana concebida como referencia, como en un hermoso tablero de juego de mesa, en  el  que un jugador rebelde hace trampa continuamente. Desde que su vida cambia, Sosa (Ricardo Darín) sólo ha hecho una cosa: engañar. Conoce los entresijos de la estafa en la que trabaja, un bufete de abogados y fiscales al que llaman La Fundación, que tiene comprados a hospitales y policías,  se dedican  a captar  víctimas de accidentes de tráfico. Las víctimas son ingenuas gentes de clase media o baja, que en este momento accidentado de su vida son fáciles de liar. Mientras la mayoría de los ciudadanos se hipotecan en los bancos, son exprimidos por los impuestos y hacen maravillas para llegar a fin de mes, Sosa cual ave carroñera sigue traicionando a todo el que se deja,  sin que la víctima se percate que la están engañando.  Hasta que entra en su vida  Lujan (Martina Gusmán). Lujan y Sosa se conocen justo en un incidente de circulación en una calle, ella trabaja en las urgencias del hospital San Justo, es una de las doctoras,  enseguida notan que hay algo fuerte que les atrae del otro. Sosa,  miserable, ingenuo, confundido y rodeado de dinero negro, se verá inmerso en el centro de un peligroso triángulo formado por la voracidad, la astucia  y la terquedad, y Lujan entrará en una relación muy peligrosa, pero inevitable.

Pablo Trapero, su director, con títulos como «El Bonaerense”, “Familia rodante” y “Leonera”, nos presenta  un thriller ácido, denso, narrado con la grandeza del clásico cine negro, que dispara dentro de un cauce de intriga un juego amoroso.  Se degusta  tranquilamente como si fuera una novela de John  Grissan, «Carancho” es una película realista y aporta una textura social valiente, es efectivamente un largo que está por encima de la media de lo que actualmente vemos en nuestras pantallas, pero no alcanza para que “Carancho” despegue su cualidad de testimonio de un tema tan complicado y vigente,  yo que esperaba más, había concebido otra idea de esta película.

El espléndido Ricardo Darin, consagrado en cantidad de películas, aquí  muy apropiadamente el protagonista, hace un papel creíble desde el minuto uno; Martina Gusmán, es un placer ver como desarrolla su personaje, compone una chica de hoy, profesional de la medicina  que como cualquier mujer cae rendida en los brazos del hombre que ama, aun sabiendo que esa relación no le conviene, actúa de forma colosal, dos grandes intérpretes.

“Carancho” es una película que hay que ver.  Puede que se transforme en el film más valorado de la temporada.

Crítica: Buried (Enterrado)

Cartel

Rodrigo Cortés dirige este complejo filme, con un elaborada simbología. Película viva y redonda, cuenta en el reparto con Ryan Reynolds, actor que hace en “Buried (Enterrado)” la mejor interpretación de su carrera; del guión se encarga Chris Sparling , bien escrito y repleto de detalles que no dan tregua en ningún momento.

Cuando empieza la sesión salen los títulos de crédito, a continuación la pantalla se oscurece, no hay sonido no se ve nada, silencio, silencio, el numeroso público que puebla la sala, espera aguantando la respiración que ocurra algo…poco a poco se va intuyendo un aliento…es un hombre, Paul Conroy (Ryan Reynolds). Es un hombre americano, casado y con un hijo, que por tener un sueldo mayor se marchó a trabajar de transportista a Irak, ahora  lo han capturado en un asalto y lo han  secuestrado, cuando despierta se encuentra enterrado vivo en una caja de madera, tiene en su poder únicamente un teléfono móvil y un mechero. El móvil tiene menos de la mitad de batería, pero es el único medio para tratar de escapar de su terrible alucinación. La cobertura inestable y la insuficiente batería son sus letales enemigos en una carrera a vida o muerte contra el tiempo: sólo dispone de un mínimo tiempo, dos horas para lograr su rescate.

Rodrigo Cortés presenta una puesta en escena minúscula, pero tremendamente efectiva, trabaja el escenario como si se tratara de un  gigantesco espacio, todo está medido, en él nos adentra en su  sitio reducido, con un ambiente opresivo, un desierto sin nombre, la soledad del encierro de un hombre comprimido intentando vislumbrar algo entre las tinieblas de  su prisión.

“Buried (Enterrado)» sorprende por lo bien hecha y contada que está, su guión y su presentación conducen inexorablemente al espectador hacia el final, esperando y deseando que se pare esa carrera que lleva al personaje al deterioro físico y psicológico, pues su limitaciones cada vez son más y sus recursos cada vez son menos La dirección de Cortés hace que vaya a ser inequívocamente la mejor película del otoño, también con mucho, el guión, que afila el recorrido, con su carga de profundidad sobre la base de un argumento sencillo juega fundamentalmente con los sentimientos, la desesperación y el desamparo. La banda sonora de Víctor Reyes encumbra los contrastes despuntando las situaciones más opresoras que jamás hemos vivido en una película española.

El discurso político es la premisa, en definitiva un cine de denuncia que intenta que el espectador tome conciencia de la funesta repercusión y los daños colaterales del ataque americano a Irak. Además, esta película tiene un puente conceptual por el que admite tantas lecturas como se le quiera dar, queda libre la interpretación del espectador, se puede ver sólo lo que muestra la pantalla: un hombre luchando por salvarse, por mantener su entereza, un ser que pasa del desconcierto inicial a una tremenda y avasalladora desesperación final, pero también podemos ver al hombre fuera de ese contexto y le vemos enterrado en vida como metáfora de la degradación del mismo hombre, y contemplamos a las sociedades a las que pide ayuda descolgadas de lo humano. Hay mucho espacio para desplegar tu propio juicio.

Por todo lo que he comentado yo recomiendo esta película sobrecogedora, creo que pretende una reflexión moral.