No es tan fácil

La guionista y realizadora Nancy Meyers (“¿En qué piensan las mujeres?”,  “Cuando menos te lo esperas”) dirige a Meryl Streep, esta gran señora de la escena, actriz como la copa de un pino, que nos muestra a sus sesenta años, (llevados con elegancia, orgullo y vistosidad),  un papel que a muchas colegas suyas les hubiera gustado interpretar.

Jane (Meryl Streep) madre de tres hijos mayores, tiene un negocio propio muy solvente que funciona muy bien en Santa Bárbara. Lleva diez años divorciada y tiene una relación amigable con su ex-marido, el abogado Jake (Alec Baldwin). Pero todo se complica cuando Jane y Jake se desplazan fuera de la ciudad para asistir a la ceremonia de graduación universitaria de su hijo. Una cena inocente, con un buen vino, acaba de un modo inimaginable, en una aventura amorosa pues ocurre lo que se supone que no debiera ocurrir entre una pareja de divorciados. Y mucho menos cuando  Jake se ha vuelto a casar con Agness (Lake Bell), una mujer mucho más joven que él. Jake quiere salir de este atolladero lo antes posible, ya que  además Jane es ahora la pareja de  Adam (Steve Martin), el arquitecto al que ha contratado para remodelar su cocina.

Estamos ante una divertida cinta que aborda en todo momento la temática que expone la crisis de los 50- 60, en definitiva, saca a relucir un tema intocable y casi tabú. Es una historia que no nos convierte en sujetos pensantes, sólo nos hace reír, pues para nada es un tema polémico, los tópicos analizados son de corte subjetivo, a veces, más o menos agudos. Con un enredo no demasiado complejo, gestionando los recursos como Nancy Meyers nos tiene acostumbrados.  Todo ello, honrado por  este trío de actores tan bien elegido, que te hacen disfrutar de esta sorprendente gozada

Por otro lado tenemos un guión bien elaborado, creativo y original  Con diálogos que mantienen la atención del espectador en todo momento, sin lugar a dudas que este aspecto es digno de elogio y aporta en gran medida la dosis necesaria para que este filme sea tan divertido como en su momento lo fueron los títulos anteriores de esta directora. Si bien la trama está muy fusionada con temas de la pareja y está empapada de elementos que mucho tienen que ver con las relaciones hombre-mujer, tiene la suficiente autonomía para que el desarrollo de interrelaciones entre los personajes esté bien logrado.

El filme se disfruta si eres capaz de no mirar muy exhaustivamente el argumento desde la lógica, ya que el fin aleccionador que persigue, justifica en cierta manera las licencias narrativas de  la trama, puestas para acentuar el aspecto crítico que se quiere exponer.
En fin, distraída propuesta que se mueve dentro del plano del enredo y la alteración de las formas convencionales, un producto que vale la pena ver  pues es un gratificante entretenimiento que nos hace pensar sobre conceptos profundos que nos llegan en la vida.

“No es tan fácil” ha sido nominada a tres Globos de Oro como mejor película cómica, mejor actriz para Meryl Steep y mejor guión.

Os la recomiendo, hora y media de sonrisa dibujada. Se disfruta.

Celda 211

Daniel Monzón en su cuarta película hace que nos “agarremos a la butaca desde los primeros minutos”, parafraseando sus palabras en una entrevista de hace tiempo.

“Celda 211” es una buenísima película, basada en la novela homónima de Francisco Pérez Gandul, con guión de Jorge Guerricoechevarria y del propio Monzón.

Juan, interpretado por Alberto Ammann, es un funcionario de prisiones que se acerca a la cárcel para tomar contacto con los compañeros, un día antes de empezar en su nuevo empleo. La casualidad hace que sea víctima de un accidente en el momento en el que se cuaja un motín en la prisión. Sus compañeros, nerviosos, deciden apresuradamente ocultarlo en una celda que permanece vacía, “la celda 211”. Y aquí empieza toda la trama.

Tenemos entre manos un conflicto carcelario, donde cada individuo tiene sus motivos personales para rebelarse pero, a su vez, se dejan llevar por un líder: Malamadre, al que da vida Luis Tosar. Este actor, con un gran lenguaje corporal y verbal, dentro de un entorno cerrado, frío y estrecho, nos introduce de lleno en el sórdido mundo de la cárcel.

El largometraje ha sido rodado dentro de una prisión, con lo que se genera una atmósfera totalmente claustrofóbica, mientras que la historia va discurriendo, en su línea narrativa, llena de diálogos bien compuestos donde el guión tiene el poder de encadenar emoción. Gustan  mucho algunos pasajes verdaderamente crudos que la película nos muestra, con picos certeros que te turban, dentro del contexto político.

“Celda 211” tiene todos los méritos necesarios para hacer pasar un buen rato a todo el mundo. Entre sus logros, escenas violentas que contrastan con otras narradas en tono lírico, dentro de un ambiente opresivo e iracundo donde nada sale según lo previsto.

Una historia inteligente, con despejados giros de cámara, efectiva en todo su discurso, eficiente en sus conceptos, encarada hábilmente a denunciar el ejercicio caprichoso y represivo del poder frente a las reivindicaciones de estos seres humanos con escasa representación social.

La celda 211 se convierte en símbolo y muestra de lo trágico que es pasar al otro lado de la reja y Monzón nos lo cuenta con unos intérpretes soberbios que llevan perfectamente el peso de la película.

En definitiva, recomiendo el film para que todos podamos ver este gran desarrollo de formas y detalles bien conseguidos, disfrutar de la dificilísima actuación de Antonio Resines, vibrar con la sobresaliente interpretación de Ammann y Tosar, deleitarnos con todo el conjunto de actores y, sobre todo, porque con películas como ésta el cine se hace más grande, y completando la  lista de aciertos, la música, de su fiel compositor Roque Bolaños que ha trabajado con Monzón en todas sus películas y da con sus partituras el punto justo a cada escena.

Sólo me queda elogiar, una vez más, al señor Monzón. Esperamos ilusionados la quinta.

La primera noche de mi vida

Hoy ultimo día del año 2009,  quiero recordar una película española, yo la vi varias veces, la primera vez en el cine, pero las siguientes siempre con amigos y amigas, tomando algo en casa y pasando un buen rato de risa. “La primera noche de mi vida” está dirigida por Miguel Albadalejo, el guión es de él mismo y Elvira Lindo. La música del excelente Lucio Godoy.

Manuel y Paloma son una pareja de recién casados que esperan su primer hijo. Han quedado para ir a cenar a casa de los padres de ella, y Manuel, que no tiene coche, ha pedido prestada una camioneta. Sin embargo, el padre de Paloma, que siempre protesta porque su yerno, no es lo resuelto que a él le gustaría se empeña en ir a recogerlos trastocando así los planes que todos han concebido para este festejo. Ahí comienza el enredo  de esta divertida comedia que se desarrolla en las últimas cinco horas de la  nochevieja de 1999.

Sin lugar a dudas, ésta es una producción cuya disposición, inventiva y absurdo, ya hace valer la pena verla.Los enredos se acoplan con los aspectos de la celebración, cuyo resultado es una comedia rebosante de gracia; es divertida, dinámica y sarcástica,  y  es de esas películas  que les coges cariño o las aborreces, con su humor de carcajada.

Te sientes feliz ante el embrollo que las vicisitudes argumentales irradian. Un elemento muy positivo es el elenco, un saludable despliegue de actores españoles.

Cerramos este comentario, el último de este año, deseando que pasemos muy felices del 2009 al 2010.

 Que las doce uvas sean la luminiscencia de los doce meses venideros y que después de las campanadas abracemos a nuestros seres queridos para que  todos juntos sintamos el  latir de un solo corazón.

El año que viene estaré aquí. Hasta entonces, queridos cinéfilos.

Toda la culpa es de mi madre

Después de mi  feliz estancia de Nochebuena y Navidad en Valladolid, volvemos a los comentarios (antes, mi reconocimiento a mis anfitriones, Soraya, Antonio y Lara). La película de hoy es francesa, de Cecile Telermam, que dirige su segundo largo y como en el primero,  “Por qué las mujeres siempre queremos más”, las féminas tienen un papel primordial. Esta directora tiene poca trayectoria cinematográfica, siempre ha ejercido su carrera de abogada, hasta el año 2004 que incurrió en el mundo del celuloide, y según mi criterio muy acertadamente.

“Toda la culpa es de mi madre”, es la historia de Mady Celliers (Charlotte Rampling, Nunca me abandones), que, a sus 60 años, es la matriarca de una familia llena de problemas  mentiras y secretos. Su marido exdirector general de su propia empresa, ha cambiado radicalmente desde su jubilación hacia una regresión que Mady no comprende, y su hijo mayor es un empresario con mala suerte en los  negocios. La situación de esta  mujer se completa con sus dos hijas, a las que critica continuamente: Alice, una pintora de «madonnas» tristes y Annabelle, una enfermera que lee el futuro con mucho acierto. Cuando Alice debido a un problema, es detenida, conoce, a Jacques, un policía, casado pero no felizmente, entre ellos surge “algo,”…. y a partir de ahí el engranaje familiar cambiará para siempre.

La directora disecciona las relaciones entre padres e hijos y el peso de los secretos familiares. Esta historia ha sido escrita entre la propia directora y su colaborador, Jerome Soubeyrand, como una historia melodramática en torno a varias personas que sufren por no ser como realmente desean ser. Cada uno de los miembros de la familia Celliers tiene una psicología totalmente distinta, indefinida o contradictoria, pero sirve como engranaje de un mecanismo que salta en pedazos con la incursión de una nueva e inesperada incorporación,  Jacques.

En el elenco, bastante serio, encontramos a actores de gran talla, dando vida a personajes muy creíbles, dentro de este film enfocado hábilmente para resaltar la maternidad, que es el concepto en el cual está basada la película (que no la familia).

La película, ya de entrada, empieza con el Ave María de Schubert., y su recorrido está lleno de verosimilitud en la narrativa. El guión es algo previsible, pero siempre creíble, (agarrándonos a las casualidades extremas  que muchas veces se dan) con alternativas que importan dentro de su grado de autenticidad.

La música muy  delicada, custodia a las imágenes, con sonoridades gratificantes, en un bonito arreglo musical, que da savia a la exposición, y aviva más  su carga de realismo. Muy atrayente aunque no pretende nada más que ser un pasatiempo, y además es fiel a la cotidianidad de la vida.

Muy adecuada para una tarde de cine, en un día lluvioso de finales de mes y de año