Crítica: Another Year

Cartel“Another year” es una insólita peripecia de familia y amistad. Alegría y tristeza. Esperanza y desánimo. Soledad y amor. Narrada con una inusual elegancia por el veterano director Mike Leigh, con un sentido de la elipsis al cual el cine actual nos tiene poco acostumbrados, con unos personajes de asfixiante cercanía y soberanamente interpretados por todos los omnipresentes actores, en especial la conmovedora Lesley Manville, así es “Another year”, y ésta es su crítica.

La temática son las personas y la vida cotidiana , y así lo presenta: Gerri (Ruth Sheen), médico psicólogo , y Tom (Jim Broadbent), geólogo, están felizmente casados y viven en el norte de Londres, les intranquiliza que su hijo Joe (Oliver Maltman), que es abogado, permanezca soltero habiendo pasado de los treinta. Esta preocupación les impide darse cuenta de hasta qué punto María (Lesley Manville), una frágil compañera de trabajo de Gerri, depende completamente de su amistad.

Mike Leigh en “Another year” nos introduce en un realismo adverso lleno de verdades duras. Su ojo agudo se posa sobre las situaciones con un estudiado trabajo de personajes ocupados, desde una cercanía emocional y una textura tonal adyacente a los mensajes más digeribles. Mike Leigh, como siempre, hábil para trazar el relato social.

“Another year” no suena a comedia, es demasiado honesta para arribar a la risa, lo aquí mostrado no es un problema, no es una solución, sino simplemente un registro punzante de la vida. En el recorrido se deja constancia de la legitimidad solidaria de la obra… limpia y depurada. El público sólo tiene que disfrutar de esta balada en movimiento realista. Después de la experiencia que me proporcionó “Secretos y mentiras” (1996), ya no pude aislarme de este estupendo director inglés de cine y teatro, en sus imágenes borda la maestría natural de su forma, y en la intención, la crudeza de las realidades y las lecciones que puede enseñar la dulzura de la madurez. Si la intención de Mike Leigh ha sido hacer surgir un gran efecto en el espectador, conmigo lo ha logrado. Empatía. Deseo que este buen director siga haciendo películas así durante mucho tiempo. Si queréis saber qué es lo que dice el propio Leigh sobre la película podéis leerlo aquí.

Otro buen ejemplo de cine europeo.

Esta película nos la recomendó Pedro Cifuentes, asiduo al blog. Toda la razón, gracias.

Crítica: Sin salida

Cartel“Sin salida”, título original Abduction, es la última película por John Singleton del que esperábamos un largometraje en el que la convicción escénica y el ritmo implacable en el que desplegar la peripecia de su historia fuera de una lectura coherente, y no lo consigue, aún con la espectacular presencia de Taylor Lautner. Es curioso como un proyecto de intriga y acción, que esperábamos estilísticamente innovador, ha resultado una película de serie B en la que apenas descubrimos al joven actor haciendo de fruto atractivo con su presencia. Pero a este prometedor intérprete le queda mucho camino por recorrer y muchas tablas que pisar para poder salvar un mal guion y una historia pobre.

La historia es la de un chico como cualquier otro chico de su edad, Nathan Harper (Taylor Lautner), que un día, ve su foto en una página de personas desaparecidas. Sospechando que sus padres pudieron secuestrarlo siendo un bebé, empieza a investigar y descubre que éstos no son quienes dicen ser. Pero lo peor es que, de repente, sin saber cómo ni por qué, empieza a ser perseguido por la policía, por agentes del gobierno e incluso por asesinos a sueldo, convirtiéndose en la víctima de una misteriosa conspiración. A partir de ese momento el objetivo de su vida será averiguar su verdadera identidad.
Aunque a favor de “Sin salida”, hay que decir se sigue con interés, la realización en términos generales no resulta excesivamente inspirada. Se podría decir que estamos ante un film tosco con presunción. También ciertas secuencias tienden a resultar esperpénticas en su traslación a la pantalla, excesivamente aceleradas y descuidadas. La agitada demolición de lo coherente se acelera con Taylor Lautner y Lily Collins siendo perseguidos durante toda la película, en un no parar, no dejan tiempo ni espacio para ahondar profundamente en los por qué, que explícitamente deberían exponerse. En el terreno de los secundarios: Alfred Molina, Jason Isaacs y María Bello y sobre todo mencionar a Sigourney Weaver en el papel de doctora. Las secuencias de acción me parecen muy bien filmadas y la persecución incluye una lucha en una secuencia que incluso puede resultar atractiva, por lo demás, lo dicho, nada de nada.

Taylor Lautner en Sin salidaEn resumidas cuentas, otra de esas películas que parecen hechas sólo para el deleite personal de quien las creó y, aunque resulta divertido ver a Taylor Lautner y Lily Collins (hija del famoso cantante Phil Collins), su mera presencia no es suficiente para compensar un guión casi inexistente que, a pesar de su alarmante sencillez (u obligatoriamente debido a ello), se desmadra a los pocos minutos de empezar la sesión.

Si tienen intención de salir al cine no entren en la sala que proyecta “Sin salida”, existen mejores opciones.

Crítica: La deuda

CartelAdentrarse en el intuitivo cine de oscarizado director John Madden es siempre interesante. “La deuda”, lejos de ser una obra maestra, nos propone ver a tres personas que se enfrentan con sus propios fantasmas personales, teniendo que tomar una decisión sumamente moral. Debo decir antes de seguir que “La deuda” es un remake de “The Debte”, una película del 2007, del director israelí, Assaf Bernstein. Un film atrevido, que se va estructurando conforme avanza. Retrato oscuro de un momento de nuestra realidad contemporánea.

La historia comienza en 1997 con la presentación de un libro sobre tres agentes secretos del Mossad: Rachel (Helen Mirren), Stephan (Tom Wilkinson) y su compañero David (Ciarán Hinds). El libro lo ha escrito la hija de Rachel y en él encumbra los hechos e incidentes del trío de espías en una valerosa operación realizada por encargo de su país para hacer justicia por los muchos crímenes cometidos contra su gente. los oficiales, a lo largo de los años, han sido muy considerados por Israel por aquella famosa y secreta misión; cuando en 1964 localizaron al criminal de guerra nazi , Dieter Vogel (Jesper Christensen), “El cirujano de Birkenau” que, en esos momentos, ejercía impunemente como ginecólogo en Berlín. Rachel (Jessica Chastain) y sus compañeros, Stephan( Marton Csokas) y David (Sam Worthington), entonces muy jóvenes, tuvieron que superar pruebas muy difíciles, arriesgaron mucho y pagaron muy caro el hecho de cumplir la misión.

Esta película capta la esencia resuelta y relevante de John Madden. Una se olvida a los tres minutos de que el metraje que está viendo es una ficción. Puede que en mi caso crea ver metáforas donde posiblemente no las haya y una concepción de rigidez me recorra a bandazos durante los 114 minutos. John Madden sincroniza su experiencia cinematográfica con su ya diestro proceso de montaje. “La deuda”, rodada en Tel Aviv, Berlín y Ucrania, contiene una trama con reminiscencias del holocausto nazi y ficción, muestra dosis de realismo, pues alude a una historia que la realización dramatiza a lo largo de flashback intermitentes. Así pues, importante película de un director que siempre absorbe y que en esta ocasión se olvida de sus mensajes tradicionales y se ajusta a una época y un pueblo: el judío, centrando su mirada desde el punto de vista de un ciudadano israelí, Assaf Bernstein.

Las interpretaciones son aceptables, cumpliendo claramente con las exigencias argumentadas, aunque a Tom Wilkinson y a Ciarán Hinds se les percibe algo desafortunados en su forma de trasmitir. Sam Worthington compone perfectamente su personaje. Jessica Chastain demuestra tener una interesante fuerza artística sacando adelante admirablemente su papel. Helen Mirren también aporta su experiencia, dejándonos una actuación templada a la vez que explícita. Del mismo modo, son validas aunque sin tanta relevancia las interpretaciones de Marton Csokas y Jesper Christensen.

“La deuda” es una inquietud, una maniobra inexistente, pero también es una mirada al pasado para que no se apague la flama, a la vez que un recordatorio de indignación y frustración, acompañado del sentimiento de impotencia que el tiempo siempre regala. Algunos espectadores harán preguntas, otros quedarán reflexionando, la mayoría no podrá dar respuesta alguna, y nadie… quedará indiferente.

Crítica: Nader y Simin, una separación

CartelSegún el árbol genealógico de su propia carrera cinematográfica, Asghar Farhadi nos traslada el realismo, ese espíritu que transita en su cine y se instala cómodo en su arte, abriendo brechas con las que sacar a flote igualdad y dignidad  para todo ser humano. Es el caso de la película que ocupa la crítica de hoy “Nader y Simin, una separación”.

Nos introduce en la existencia de Simin (Leila Hatami)y Nader(Peyman Monadi), un matrimonio con una hija que decide abandonar Irán en busca de una vida mejor. Sin embargo, en el último momento él se echa atrás debido a que a su padre le han diagnosticado Alzheimer y no quiere abandonarlo. Ella pide entonces el divorcio y, al no serle concedido, se muda a vivir con sus padres. Él, que se queda con la niña, decide contratar a una mujer que le ayude a cuidar a su padre. Pero un día, al llegar a casa, encuentra algo que no le parece bien, a partir de ese momento, tanto su vida como la de su hija, se complicarán bastante.

Asghar Farhadi, con su nueva película “Nader y Simin, una separación”, organiza multitud de imágenes alrededor de unos buenos y desconocidos actores. Esta visión sumaria transmite una constatación espeluznante de las tradiciones  y costumbres de un país, chocando con otras culturas a través del conflicto de dos familias. El mapa de relaciones y sus experiencias que se unifican en el escenario la hacen merecedora de los premios recibidos (Oso de Oro en Berlín 2011) y de los que quedan por llegar.

Un rápido resumen de este film podría hacerse con una frase: cuadro animado de una vida. Lo de los cuadros nace de la forma en que el director propone explicar su historia, “Nader y Simin, una separación” está integrada por fragmentos de vivencias que comienzan con un acuerdo pero que no puedes imaginar cómo acaban.

Leila Hatami y Peyman Monadi, junto con los niños, son imprescindibles para la forma en que está tratada la historia. Esta película no es un drama en el sentido melodramático de la palabra “Nader y Simin, una separación” está sacada de historias reales sin pretender provocar la lágrima, sino mostrar vidas que son rutina en todos los días de un país deprimente.

“Nader y Simin, una separación” puede gustar a todos, pese a su larga duración y la retórica de su denuncia.

La recomiendo.