Crítica: La vida de Adele

La vida de Adele - CartelAbdellatif Kechiche es actor, director y guionista de cine. Nacido el 7 de diciembre de 1960 en Túnez, nacionalizado franco-tunecino, comenzó su carrera en el cine en 1984 con la película «Té de menta”. «La culpa es de Voltaire«, en 2000, fue su primera experiencia como director y desde entonces con todas sus películas ha sido elogiado en festivales y certámenes, en donde también ha sido premiado por su faceta de actor. Con su nuevo trabajo, “La vida de Adele”, ha ganado la Palma de Oro y el premio FIPRESCI en el Festival de Cine de Cannes 2013.

Adele (Adèle Exarchopoulos) tiene tan solo quince años y desde pequeña le han enseñado que las chicas tienen que salir con chicos. El hecho de que se enamore repentinamente de Emma (Léa Seydoux) generará en ella confusión y provocará que caigan sobre sus hombros los prejuicios de los demás.

Abdel Kechiche y Ghalya Lacroix son los autores del guion basado en la novela cómic “El azul es el color más cálido” de Julie Maroh, joven escritora francesa afincada en Bruselas.

“La vida de Adele” es una película clara, necesaria, honesta, que arranca sonrisas y ciñe corazones. Abdel Kechiche aprovecha su núcleo central para ir más allá, ramificando la historia hacia otras exploraciones en las que el tema pueda quedar más descrito. El director posándose en un género literario como es el cómic,  compone palabras que van engarzadas en imágenes y a su vez tienen armonía y una increíble gama de emociones. Convertir esa muestra literaria en imágenes ha sido satisfactorio; unir cuadros maravillosos para que el espectador viva el efecto de realidad que “La vida de Adele” desprende.

la vida de adeleSe puede hacer buen cine cuando el director ama ese arte , cuando el director innova, cuando se hacen unos primerísimos planos que hace años no percibíamos, cuando, aunque no se respete el texto central, los recursos temáticos están poderosamente moderados por ricos matices y una soberana creación de personajes, cuando la filmación es de una intensidad absoluta y cuando la narración y el ritmo son  los elementos más importantes de la película. De manera acertadísima y efectiva se cuenta el despertar a la sexualidad de la protagonista, de su amor, sus problemas de identidad y su legitimación homosexual.

Abdel Kechiche, con esta película, hace feliz al colectivo protagonista, socorrido por un relato que ayuda a comprender su realidad sin la necesidad de impresionar con la trama mediante delineaciones dramáticas. El lesbianismo que se analiza en la historia es también una metáfora aplicable a todo en la vida y Kechiche desde aquí invita a su protagonista y a todos los que, indistintamente de su tendencia sexual, tengan deseos de saltar y manifestarse tal y como son en realidad, quitando de sus vidas ataduras y complejos de un universo lleno de convencionalismos. Esto es precisamente lo que considero que más enriquece al film y lo convierte en sobresaliente, pues todos los personajes están fabricados con mecánica de precisión. La naturalidad y la sencillez de unas vidas que destilan amor. Porque “La vida de Adele” es una película de amor. Es arte, filosofía, lágrimas, risas, y comunicación no verbal.

Habrá quien se queje diciendo que es un poco redundante, larga, simple y que son demasiadas las imágenes de sexo lésbico y yo seguiré diciendo que me parece una buenísima película. Adèle Exarchopoulos, brillante en su interpretación, Léa Seydoux insuperable, Salim Kechiouche, Mona Walravens, Jeremie Laheurte, Alma Jodorowsky, Aurélien Recoing, Catherine Salée, Fanny Maurin,Benjamin Siksou, Sandor Funtek y Karim Saidi, todos hacen que te creas lo que ves, que te sientas dentro de la historia como si fuera tu vida misma.

 “La vida de Adele” es una caída desde la temprana gloria de los años a la desesperanza de una edad que te define.

Crítica: Therese D

Cartel de Therese DSe estrenó en España el viernes 20 de septiembre. Obra póstuma de Claude Miller, fallecido el 4 de abril de 2012. Crítica de la película “Thérèse D”.

“Thérèse D” es una película pequeña que destaca. Se centra en Thérèse (Audrey Tautou), una joven mujer de principios del siglo XX. Casada por obligación con Bernard Desqueyroux (Gilles Lellouche), insensible a los placeres de la carne, insatisfecha en el plano intelectual y, en general, aburrida de esperar, Thérèse, en un arrebato absurdo y desesperado, intenta envenenar a su esposo. Una vez desenmascarada, Thérèse cae en desgracia al haber deshonrado a su familia y a su marido. Ahora, además, tendrá que enfrentarse a la justicia.
Segunda adaptación a la pantalla grande de la novela homónima del poeta y literato francés François Mauriac, la primera fue efectuada por el realizador George Franju con el título: “Relato Intimo”, en 1962.  Claude Miller y Nathalie Carter dan forma a un guion fiel creando una película que respeta escrupulosamente las estructuras básicas del original.

Nos encontramos ante el último trabajo de la vida de Miller, un frugal drama de época. El director nos sitúa ante una narración transparente, en la que el ambiente se capta desde una óptica desapasionada, gracias a la transformación visual que nos brinda, abriendo una galería expresiva y variada de jugosos personajes. “Thérèse D” es enorme en su costumbrismo, inmensa en el ritmo pausado, grande en técnica fílmica. Sobria. Austera en su exposición e intencionadamente fría en casi todo el metraje. Con un ligero y exquisito toque clásico. Es conmovedora, equilibrada y muy bien narrada, eso hace que se asuma a la perfección. Creo que otorgarle virtudes es muy fácil, tal vez porque Miller creaba un cine con un tratado muy personal, como un estudio de mirada crítica hacia la sociedad, alejada de los límites lucrativos. Un cine donde lo que vemos va directamente a nuestras sensaciones, sin retoricas ni explicaciones añadidas.
La música de Mathieu Alvado fluye lenta pero constante a base de grandes elipses. La fotografía de Gérard de Battista, tan exquisita como las vistas que recrea.
En laImagen de Therese D interpretación, Audrey Tautou es estupenda, con solo su presencia traspasa. Impone sus miradas y su talante, forjando un personaje como testigo incrédulo de su propio mundo. Hombres, hija, relaciones, soledad, desamparo, conflictos internos: el proceso de crecimiento de una mujer que va perdiendo la ingenuidad sin adquirir consciencia personal de lo que le acontece. El resto del reparto: Gilles Lellouche, Anaïs Demoustier, Catherine Arditi, Isabelle Sadoyan, Francis Perrin, Jean-Claude Calon, Max Morel, Françoise Goubert, Stanley Weber, cada cual hace una representación muy adecuada al personaje que representan.

Pese a todo lo mencionado, al magnetismo que desprende y las pródigas cualidades mencionadas, la película no destaca verdaderamente, la causa principal es que la definición del personaje principal no provoca que el espectador se solidarice con ella, no te hace sentir a la mujer como tal. Más allá de esto, la película no pierde la magia y es totalmente recomendable. Simplemente y nada menos que la historia de una mujer en su infierno privado. Un títere del sistema. Véanla.

Crítica: La mejor oferta

La mejor ofertaGiuseppe Tornatore, como cada vez que nos brinda una obra, nos traslada con maestría de la sala de cine al corazón de su historia. Recordando todas sus películas nos situamos en 1988 donde nos cautivó con “Cinema Paradiso”, en 1998 en “El hombre de las estrellas” nos habló de ilusión cinematográfica, en 2000 mostró la intolerancia y la marginación con “Malena”; en 2009, su película más costumbrista: “Baaria”, y en 2013 vemos surgir y transcurrir con toda ecuanimidad una obra con sus caracteres propios, con una explícita, esencial y onda raíz y con un contexto peculiar extraordinario. Crítica de la película “La mejor oferta”.
Así, director y guionista, Giuseppe Tornatore relata como Virgil Oldman (Geoffrey Rush) es un hombre solitario; un excéntrico, estirado y maniático, experto en arte y agente de subastas, distinguido y popular en todo el mundo. Su vida transcurre al margen de cualquier sentimiento afectivo hasta que conoce a una hermosa y misteriosa joven (Sylvia Hoeks) que le encarga tasar y vender las obras de arte heredadas de sus padres. La aparición de esta joven, que sufre una extraña enfermedad psicológica que la mantiene aislada del mundo, transformará para siempre la vida de Virgil.

La coherencia interna del cine de Tornatore es algo que está fuera de toda duda, y en este sentido “La mejor oferta” es un film regido por unos códigos dentro de un sistema de creación y técnica de trabajo como en toda su profusa y extensa carrera. La manera con que el gran director trata el tema y la identificación personal de sus ideas en cada momento y sobre cada trazo, produce la gratificación que ocasiona lo previsible sobre lo inesperado. Desde el propósito inicial, el film comienza a evolucionar por sí mismo, a cobrar facetas y sentido cinematográfico dentro de un texto que es un trozo de vida, los personajes seres humanos oscuros y prudentes y la trama un interés que se desarrolla con todas sus consecuencias hasta el final. Nos habla de aislamiento, miedo, decencia, amor y de traición.

Imagen de La mejor ofertaNos muestra la soledad de una persona mayor y cómo se desmorona cuando un aura de juventud entra como soplo de vida por la ventana de su corazón, nos habla de la traición y la mentira como salida válida y nos muestra metafóricamente como dos personalidades se van formando paralelas a medida que avanza la narración, esta simbología me ha gustado en especial. Símbolos, buen lenguaje fílmico, excelentes movimientos de cámara, un color de conjunto dinámico, puntos de humor serio y los giros precisos, todo, como instrumento humano en su manera de ver el mundo en que vivimos y como siempre aportando esa sensibilidad que le caracteriza. Estupenda fotografía de Fabio Zamarión y la magistral música de Ennio Morricone.
Unas brillantes interpretaciones por parte de un extraordinario elenco, donde a mi modo de ver destaca sobremanera la carismática presencia de Geoffrey Rush, que da a su personaje un alma en apariencia feliz pero atormentada haciendo vivir al exitoso hombre de negocios superado por un inesperado destino, como digo, un elemento potenciador del atractivo de esta estupenda película. Hay que mencionar a Donald Sutherland, en un pequeño pero buen papel.
Tornatore es un hombre de cine, que hace cine verdadero.
El peso del valor de este admirado director hay que buscarlo en toda su obra. La película que hoy reseñamos no es lo mejor del director italiano pero levanta espectáculo, tiene la magia del cine, ecuación visual, importancia y significado.

Crítica: Trance

TranceDanny Boyle: “Trainspotting” 1996, “28 días después” 2002, “Slumdog Millionarie” 2008, “127 horas” 2010, son varias de sus más considerables aportaciones al cine, filmes que constituyen parte de la obra del director y a la vez su casi definición completa. En 2013 llega a las salas de cine con “Trance”.
La sinopsis que nos brindan sus autores es ésta: Simon (James McAvoy), un empleado de una casa de subastas, se asocia con una banda criminal para robar una valiosa obra de arte. Pero, tras recibir un golpe en la cabeza durante el atraco, descubre, al despertarse, que no recuerda dónde ha escondido el cuadro. Cuando ni las amenazas ni la tortura física logran arrancarle ninguna respuesta, el jefe de la banda (Vincent Cassel) contrata a una hipnoterapeuta (Rosario Dawson) para que le ayude a recordar.

Interesante producción que muestra una elástica concepción de la realidad, en un movido juego de ajedrez. Danny Boyle transporta la trama por una cornisa donde el espectador intenta no perder el equilibrio y nos dice de forma correcta que la realidad de fuera de la película solo existe en su mundo como columna y decorado.
La forma plástica con la que trabaja el director inglés está sometida a los cánones más actuales de la ciencia ficción psicológica moviéndose siempre, en cada fotograma, en el equilibrio de su estilo, los juegos de tiempo son para el maestro Boyle instrumentos que hacen doblegar la situación externa a esa otra realidad psíquica, casi siempre imprevista.

 Imagen de Trance“Trance” disfruta de un guión sólido escrito por Joe Ahearne y John Hodge, libreto que se desarrolla hurgando en las limitaciones y temores de los personajes, unos personajes qué están siempre al borde del estallido, del trastorno. Con una buena y destacada fotografía de Anthony Dod Mantle y una actuación elevada de la banda sonora de Rick Smith.
Su forma temporal y su estatismo rítmico pertinaz y uniforme, puede hacer que la mirada frívola y acelerada pueda calificarla de poco consistente, pero sin duda alguna la película, -que puede gustar más o menos-, entretiene de principio a final, teniendo al espectador completamente activo durante todo el metraje. ¿Una cualidad? Para mí sí que lo es. Viendo “Trance” aceptas las reglas de su juego, después, cuando termina ya tienes todo el derecho y las ganas de comentar con tus amigos si es perfecta o si tiene vacíos cinematográficos. Es una película que crea debate. Yo, me he sentido reconfortada con esta pequeña sorpresa de cine, se ve con agrado y deja un muy buen sabor de boca. Posee unas altas dosis de calidad y desde luego también tiene sus huecos, por supuesto que tiene.
Un film de buen espectáculo, sales de la sala contenta porque te ha gustado… otros añorando a Nolan en Origen – Inception 2010.