Crítica: El médico

el médicoPhilipp Stölzl nació en Mónaco en 1967. Comenzó su carrera en el teatro, en la Munich Kammerspiele. Después, durante varios años trabajó como escenógrafo y diseñador de vestuario. En Viena se especializó en videos musicales con muy buenos resultado: «Du hast«, de Rammstein, y el video de “American Pie”, de Madonna, sirven como ejemplo. Ha hecho alguna banda sonora y anuncios publicitarios. Más tarde tras el  cortometraje “Morituri te salutan”, llega su primer largo “Baby” y más películas alternando con sus grandes éxitos en la ópera. En esta ocasión, dirige la adaptación de Jan Berger de una novela de Noah Gordon que se convirtió en un best-seller en el año 1986. Crítica de la película “El Médico”.

Ambientada en Inglaterra, en 1021. Aquellos años fueron extremadamente duros. Hambre, pobreza y analfabetismo. No existían conocimientos en medicina, solo los barberos hacían algo por la salud e iban pregonándolo por las calles, aquello era más parecido a la bestialidad que a la curación aunque en realidad, al no contar con otro remedio, un barbero era un hospital central. Baber (Stellan Skarsgård) era uno de esos barberos. Un día, mientras dormía tranquilamente en su carricoche, le despierta de forma brusca un chiquillo para que atienda a su madre que está muy enferma. El chico se llama Rob Cole (Tom Payne) que, finalmente, se queda huérfano. El rudo barbero lo acoge sin ganas como ayudante y durante años los dos ejercerán lo que saben de curaciones a los compases de malabares. Llega el momento en que Rob busca la luz lejana de la ilustración y marchará a Isfajan con el prestigioso Ibn Siná (Ben Kingsley). Allí, cambiará todo para él. Allí tiene que enfrentarse a la tiranía de los predicadores.

Por algunos motivos este film merece ser visto. Por la exquisitez de su mensaje, por su ritmo reposado y la belleza de sus imágenes. Además, por la complejidad de sus elementos estéticos y la valiosa reconstrucción de la época. Es una película para ver con actitud introspectiva, con la mente un poco alejada del hoy, para encajar en ella y disfrutar toda su esencia.

Imagen de El médicoEl guión es bastante aceptable al igual que su banda sonora, de Ingo Frenzel. Disfruten la banda sonora. Sin duda, la música es también protagonista de este film y con cada pieza, mientras van pasando las imágenes sentimos su calidad. Digna de resaltar, la excelente fotografía de Hagen Bogdanski. El reparto, no puede ser más acertado. Atención especial merece Tom Payne, un actor prácticamente desconocido para muchos, echaba de menos verle en pantalla y ha sido muy agradable. Ben Kingsley en un papel que borda y al que le saca muchísimo jugo. En definitiva, todos están perfectos, Stellan Skarsgård irreconocible y demostrando una vis cómica estimable por encima de todos, sus escenas acaban siendo las primeras que invitan a disfrutar de este largometraje. Los demás actores; Oliver Martinez, Emma Rigby, Michael Jibson, Elyas M’Barek, Makram Khoury, Dominique Moore y Fahri Yardim hacen que todo el conjunto se desenvuelva adecuadamente, todas las actuaciones están muy conseguidas.
No sé si el romance que interviene en la trama y que nos desvía del interés de la película está inscrito en el libro, yo no leí el libro de Noah Gordon, pero todos mis conocidos que lo leyeron lo admiran. En la película es una historia de amor simplona que para nada resulta creíble y que sólo se abre en tres mustias y vacías escenas queriendo mostrar unas veces un amor incipiente y otras la tradición del lugar, todas ellas huérfanas de emoción y encanto.
Si me pongo rigurosa puedo decir que la película no llega todo lo lejos que debiera pero lo cierto es que tiene calidad para colmar todas las expectativas del gran público.

Tiene unas maravillosas imágenes de Marruecos que es donde ha sido rodada, lo demás, todo recreado, está rodado en los estudios de la productora UFA Cinema. “El Médico” tiene integrismo, fe, conocimiento, religión, amor y sabiduría. Un regalo, en fin, para comprensiones sutiles y para quienes saben gozar de estos retoños infrecuentes en los que se unifican el ritmo, la sinfonía, hermosura escénica, actuaciones y el argumento.

Crítica: A propósito de Llewyn Davis

Cartel de A propósito de Llewyn DavisLa mayoría del público recordamos una película por los actores que en ella han intervenido, es más fácil recordar a quién pasó por nuestros ojos durante dos horas, que el nombre del director que los creó y que solo emerge en los rótulos de cabecera, afortunadamente hay un grupo de cineasta que se han ganado a pulso el cariño del público y que tienen al respetable pendiente de cada estreno, de cada uno de sus trabajos.  Ése es el caso de los hermanos Coen. Crítica de la película “A propósito de Llewyn Davis”.

Con guión de Joel Coen y Ethan Coen y basada en la biografía de Dave van Ronk, músico y mentor, nos muestra a uno de los fundadores del folk de la década de los 60 y una de las figuras más divertidas y más referenciadas  en la escena neoyorquina. Escribió cuentos junto con su música, dejó escritos filosóficos y fue un activista de izquierdas solidario de gran influencia en todos los músicos de aquellos años y de los que después pudieron beber de su savia.  Aunque  “A propósito de Llewyn Davis” nace de ese sentido, en una reciente entrevista, los Coen declararon que el verdadero personaje de esta historia es Llewyn Davis (Oscar Isaac),  un joven cantante de folk que vive en el Greenwich Village.

Durante un frío e implacable invierno Davis lucha por ganarse la vida como músico. Sobrevive gracias a la ayuda de sus amigos.  Su carrera y su rostro está marcados por la reciente muerte por suicidio de su amigo y compañero de “Fimlin & Davis”. Para consolarse y porque sentimentalmente los necesita pasa alguna noche en casa de los padres del inolvidable amigo, Mitch (Ethan Phillips) y Lilian (Robin Bartlett); también la casa de su amiga Jean (Carey Mulligan) es un refugio para enfrentarse a las circunstancias, aunque a veces también sea un endiablado descalabro. Davis se mantiene alejado de la vida social mientras subsiste y crea su música. Por su parte, el músico de Jazz Roland Turner (John Goodman) le invita  a una audición en un club de Chicago, una prueba para el magnate de la música Bud Grossman, los consejos que recibe del productor musical no le acomodarán porque Llewyn Davis no ve amenaza en las nuevas músicas, solo está seguro de su creación y pasará los días debatiéndose entre la lealtad a sí mismo y los mensajes que desde fuera le lanzan los que lo ven fracasado.

Imagen A propósito de Llewyn Davis Con sabiduría Joel Coen y Ethan Coen, maestros en cánones cinematográficos, potencian el resultado de la cámara,  tratan de descubrir cuál es el efecto de la trama en nuestra mirada, nuestra capacidad para vivir el transcurso del tempo cinematográfico, la posibilidad, exquisita, de entender qué sentimos;  a ellos les fascinan los personajes desafortunados de cada una de sus historias  y nosotros, los espectadores, sentimos con cada película no un simple visionado, sino armonía entre imágenes, tiempo de encerrar el alma, huellas sin pasos, algo incomparable que se hace habitable en la frontera perpetua de sus personajes al tiempo que su narrativa nos invita en un montaje pausado, de apariencia sencilla, que encierra  complejidad de ánimo, y supone una satisfacción para los sentidos.

“A propósito de Llewyn Davis” es una invitación a dejarse llevar en un viaje en el que tiene que ver la vida, las relaciones y  la música. Los Coen nos muestran  las diferencias entre ver, mirar y sentir. Sus obras son como un manual saciado de partes con hojas blanco que nos incitan a completar. Con deliberación, a través de una evidente  independencia creativa, de una instrucción donde la grafía y el contenido se miran y compenetran, nos llega una resolución, una terminación de templado desarrollo y extraordinaria naturalidad onírica en  la que el corazón del hombre y la profundidad intelectual van de la mano en este triste poema de una vida fracasada.

“A propósito de Llewyn Davis” tiende a ver el infinito en lo finito, lo grande a través de lo pequeño, la no esperanza y el camino sin salida que se hace habitable en su perpetua frontera.

La reflexión y el mensaje es seguir tocando tranquilamente a las puertas de la vida, sin preocuparnos de cómo nos ven los demás. Esta nueva película de los Coen llega a un estadio de profundidad excelente aunque no sorprende, incluso es algo más fría en cuanto al humor al que nos tienen acostumbrados.

Véanla y búsquenle el significado al precioso gato, es un personaje muy importante.

Crítica: 12 años de esclavitud

Cartel de 12 años de esclavitudDirigida por Steve McQueen, con guion de John Ridley  a partir de la biografía de Solomon Northup. Crítica de la película “12 años de esclavitud”.

La imposibilidad de libertad, el alejamiento de la familia y el fin del amor, son los temas que Steve McQueen nos plantea en su nueva película. 1850, historia de Solomon Northup, (Chiwetel Ejiofor) un culto músico negro que vivía con su familia en Nueva York. Tras compartir unas copas con dos empresarios desconocidos que le habían contratado para tocar en su  teatro, descubre que ha sido drogado y secuestrado para ser vendido como esclavo en el Sur en una plantación de Louisiana. Renunciando a abandonar la esperanza, Solomon contempla cómo todos a su alrededor sucumben a la violencia, al abuso emocional y a la desesperanza. Durante 12 años arriesga su vida para recuperar su libertad y reunirse con su familia.

El conjunto de esta película que hoy reseño es una invitación a sentir y a revisar pasado, lugar y tiempo. Su tratado es una prueba de la incomparable destreza con que el director maneja los elementos expresivos del cine proporcionando fe de su solidez, sutileza y conocimientos extraordinarios. En “12 años de esclavitud”, Steve McQueen es un mago de la imagen. En este film, verdaderamente hay ideas certeras, estilo propio y un testimonio fuerte que evoluciona desde una exaltación casi épica de la valentía y la constancia de un hombre que quiere ser de nuevo libre.

La dureza psicológica que exige el argumento de “12 años de esclavitud” está conseguida, así como el tratamiento de personajes, planos de escala amplia y planos detalle. McQueen potencia al máximo los elementos propios tales como el tiempo, el espacio, la composición plástica, el tono, el color, la imagen, la estructura dramática y el ritmo,  adopta con exactitud todos los esquemas como piezas de un alfabeto que trabaja al servicio del mensaje. En la música Hans Zimmer busca el sonido en su pureza sin que intente resaltar u ocultar las realidades, suponiendo más un estilo cinematográfico que un mero contenido de música. Sean Bobbitt, con la fotografía, hace poema triste de la percepción de la imagen contemplada, el sentido visual es una parte importante de dicho goce dramático.

Imagen de 12 años de esclavitudOtro apartado merece el elenco de actores que consiguen una máxima, destacando a Chiwetel Ejiofor y Michael Fassbender que hacen suyos los personajes con pericia y credibilidad. Benedict Cumberbatch, Paul Dano, Paul Giamatti, Lupita Nyong’o, Sarah Paulson, Brad Pitt, Alfre Woodard, Michael K. Williams, Garret Dillahunt, Quvenzhané Wallis, Scoot McNairy, Taran Killam, Bryan Batt y Dwight Henry ahondan en sus personajes dando gran esencia a toda su expresión y comunicación.

La película viene avalada por siete nominaciones en los Independent Spirit Awards y diez en los Satellite Awards; siete nominaciones en los Globos de Oro, y en el Festival de Toronto obtuvo el Premio del Público como Mejor película. La National Board of Review (NBR)  y el American Film Institute la han colocado entre las 10 mejores películas del año. El Círculo de Críticos de Nueva York premió a su director. La Asociación de Críticos de Los Angeles reconoció a Nyong’o como mejor actriz sec. (Nyong’o) y ha tenido tres nominaciones a los Premios Gotham.

Es capaz de combinar la belleza dúctil de sus imágenes a ritmo pausado con el trasfondo campestre y la fatal forma de existir, de forma tan intensa que solicita implicación del espectador: no solo intención y entereza sino también iniciativa y participación.

“12 años de esclavitud” sirve para que Steve McQueen firme su mejor película y John Ridley su mejor guion. A Ridley le tendremos pronto. Es el guionista del remake de la película Ben-Hur que dirigirá Timur Bekmambetov.

Mi recomendación es que no se la pierdan. Pero aviso, es muy dura.

Crítica: La vida de Adele

La vida de Adele - CartelAbdellatif Kechiche es actor, director y guionista de cine. Nacido el 7 de diciembre de 1960 en Túnez, nacionalizado franco-tunecino, comenzó su carrera en el cine en 1984 con la película «Té de menta”. «La culpa es de Voltaire«, en 2000, fue su primera experiencia como director y desde entonces con todas sus películas ha sido elogiado en festivales y certámenes, en donde también ha sido premiado por su faceta de actor. Con su nuevo trabajo, “La vida de Adele”, ha ganado la Palma de Oro y el premio FIPRESCI en el Festival de Cine de Cannes 2013.

Adele (Adèle Exarchopoulos) tiene tan solo quince años y desde pequeña le han enseñado que las chicas tienen que salir con chicos. El hecho de que se enamore repentinamente de Emma (Léa Seydoux) generará en ella confusión y provocará que caigan sobre sus hombros los prejuicios de los demás.

Abdel Kechiche y Ghalya Lacroix son los autores del guion basado en la novela cómic “El azul es el color más cálido” de Julie Maroh, joven escritora francesa afincada en Bruselas.

“La vida de Adele” es una película clara, necesaria, honesta, que arranca sonrisas y ciñe corazones. Abdel Kechiche aprovecha su núcleo central para ir más allá, ramificando la historia hacia otras exploraciones en las que el tema pueda quedar más descrito. El director posándose en un género literario como es el cómic,  compone palabras que van engarzadas en imágenes y a su vez tienen armonía y una increíble gama de emociones. Convertir esa muestra literaria en imágenes ha sido satisfactorio; unir cuadros maravillosos para que el espectador viva el efecto de realidad que “La vida de Adele” desprende.

la vida de adeleSe puede hacer buen cine cuando el director ama ese arte , cuando el director innova, cuando se hacen unos primerísimos planos que hace años no percibíamos, cuando, aunque no se respete el texto central, los recursos temáticos están poderosamente moderados por ricos matices y una soberana creación de personajes, cuando la filmación es de una intensidad absoluta y cuando la narración y el ritmo son  los elementos más importantes de la película. De manera acertadísima y efectiva se cuenta el despertar a la sexualidad de la protagonista, de su amor, sus problemas de identidad y su legitimación homosexual.

Abdel Kechiche, con esta película, hace feliz al colectivo protagonista, socorrido por un relato que ayuda a comprender su realidad sin la necesidad de impresionar con la trama mediante delineaciones dramáticas. El lesbianismo que se analiza en la historia es también una metáfora aplicable a todo en la vida y Kechiche desde aquí invita a su protagonista y a todos los que, indistintamente de su tendencia sexual, tengan deseos de saltar y manifestarse tal y como son en realidad, quitando de sus vidas ataduras y complejos de un universo lleno de convencionalismos. Esto es precisamente lo que considero que más enriquece al film y lo convierte en sobresaliente, pues todos los personajes están fabricados con mecánica de precisión. La naturalidad y la sencillez de unas vidas que destilan amor. Porque “La vida de Adele” es una película de amor. Es arte, filosofía, lágrimas, risas, y comunicación no verbal.

Habrá quien se queje diciendo que es un poco redundante, larga, simple y que son demasiadas las imágenes de sexo lésbico y yo seguiré diciendo que me parece una buenísima película. Adèle Exarchopoulos, brillante en su interpretación, Léa Seydoux insuperable, Salim Kechiouche, Mona Walravens, Jeremie Laheurte, Alma Jodorowsky, Aurélien Recoing, Catherine Salée, Fanny Maurin,Benjamin Siksou, Sandor Funtek y Karim Saidi, todos hacen que te creas lo que ves, que te sientas dentro de la historia como si fuera tu vida misma.

 “La vida de Adele” es una caída desde la temprana gloria de los años a la desesperanza de una edad que te define.