Ha vuelto y como todo lo que se espera tanto tiempo, lo hemos recibido con ganas, no ha habido sorpresa, sabíamos que venía. Ocho años sin ponerse delante de una cámara, lo ultimo que vimos “Señales” y “El detective cantante”, aunque en el año 2004 como director rodó “La pasión de cristo” y en el 2006 ”Apocalycto” .
Pasó el tiempo y Mel Gibson estaba totalmente apartado del cine, nos llegaban noticias adversas de su vida privada, divorcio, alcohol, depresión y algún tema político enormemente radical, temas éstos que a nosotros son ajenos, nosotros admiramos al actor y en 2010 aquí le tenemos: de protagonista de un thriller como en sus mejores tiempos. Ahora pienso con añoranza (tal vez sea porque esta película me las recuerda) en “Conspiración” y “Rescate”.
“Al límite” esta dirigida por Martín Campbell, a este director le recordamos muchas películas taquilleras de agentes 007, de “El zorro” y algunas más, pero entre todas mi preferida es “Límite Vertical”. Ahora dirige a Mel Gibson en esta cinta sacada de una serie que también dirigió en BBC televisión, en el año 1985, por la que recibió el premio la Academia Británica como mejor director. El guión lo ha adaptado William Monahan. Y la historia es ésta:
Thomas Craven (Mel Gibson) inspector de policía especializado en homicidios se reencuentra con su hija Emma (Bojana Novakovic, La trampa del mal) después de un tiempo separados y distantes, ella tiene vacaciones y decide pasarlas con su padre. Thomas va a buscarla al aeropuerto, pero al llegar a casa la chica se empieza a sentir mal, vómitos, sangrado de nariz, mareos. Deciden ir con urgencia al médico pero al salir Emma es tiroteada en la misma puerta de su casa, y allí mismo muere en los brazos de su horrorizado padre. En principio todo apunta a que el auténtico objetivo era matar a Thomas pero a medida que discurre la narración se va descubriendo todo el oscuro entramado. Desolación, desamparo y desasosiego acompañan a este hombre roto de dolor por la muerte de su hija, un hombre a la deriva en una gran marea de venganza, un universo de pesadilla, pero a la vez tan real.
El guión nos muestra con contundencia los entramados del sórdido mundo de los asuntos internos americanos. Una narración experta cargada de intensidad, creíble en todo momento.
Martín Campbell nos consigue atraer con el fuerte tema que aborda la película, que sin duda tiene toda la intención de hacer una clara denuncia
Mel Gibson, admirable, cumpliendo con creces su papel, un personaje que se dibujó para que lo hiciera Robert de Niro, pero que por algún motivo no lo pudo hacer y Gibson lo ha bordado.
Para hacer la conclusión os digo: no es un producto para hacer historia en la cinematografía, pero aporta el empujón de nuevo a la pantalla de este admirado actor. (¡Que mayor le veo…!)
Yo que siempre pasé de hacer caso a los cartelitos de “esta película puede herir la sensibilidad del espectador” y de repente me descubro alarmada en una sala de cine del centro de Madrid, apartando la mirada de la pantalla una y otra vez porque lo que veo me resulta insoportable. Salgo convulsionada y sin saber por qué pasé a verla si a mí no me gustan las películas de vampiros, pero claro como últimamente el tema de los chupasangres está muy suavizado por los amorvampi de la saga Crepúsculo, como que no me lo pensé y vaya si lo he pagado caro. Qué tremenda.
En el año 2019 casi todos los habitantes del mundo han sido infectados por un misterioso virus que los ha convertido en vampiros. Los humanos son ahora una especie próxima a extinguirse, quedan muy pocos y corren el peligro de desaparecer de la tierra, se ven obligados a vivir escondidos. Edward Dalton, un científico vampiro está intentando dar con algo semejante a la sangre que pueda alimentar a los vampiros y salvar, así, a los pocos humanos que quedan. Edward conoce a Audrey, una superviviente humana que le cuenta un avance médico increíble. Con una información así debe de moverse para sacarlo adelante y proteger a los humanos pero sobre todo a los de su raza pues no piensan ceder ni un milímetro de lo ya conseguido.
El auge provampirismo nos deja un guión circense elaborado a machetazos por un escritor sin mesura, criterio o coherencia, le da otra vuelta a la tuerca al género, la acción y el trascurso de los hechos surgen a partir de una suma de incongruencias imposibles de digerir, se asemeja por momentos a las películas gore de los años cuarenta, los vampiros no sólo chupan la sangre también comen carne humana, explotan como un petardo, arden como una falla en Valencia, rugen como fieras y para rematar: los soldados, vaya ejército de seres errabundos, desesperadas sombras tétricas, ansiosas de coger por banda a un humano para zampárselo, éstos también parecen salidos de una de muertos vivientes, son auténticos zombis.
En fin, todo el esquema es insalvable. El maquillaje, los decorados, los diálogos, incluso los actores: Ethan Hawke, Sam Neill, Willem Dafoe , Claudia Karvan, pero qué se puede hacer si eres actor y tienes que interpretar esto, nada, pues eso, nada es esta película.
“Daybreakers” logra superar el nivel de mediocridad temido, arribando a una insoportable área de servicio, vacua y sin sentido.
Y después de todo esto que os digo: creo que sería justo que los responsables hicieran una colecta para indemnizar a todos los que vayan a verla.
Director y guionista: Michael Spierig y Peter Spierig.
Sábado por la tarde, hace tiempo que no quedábamos para ir al cine con estos amigos que tanto queremos, y pasamos una tarde perfecta, una merienda y una película: “Shutter Island”, la nueva propuesta de Martin Scorsese , que después de tres películas anteriores («Gangs of New York», «El Aviador» e «Infiltrados»), repite con Leonardo Di Caprio. Está claro que con la cosecha anterior quieren probar de nuevo suerte, y aquí los tenemos para recoger el fruto de un nuevo éxito.
Esta vez nos presentan este inquietante thriller psicológico, adaptación de la novela homónima de Dennis Lehane. Lehane es además autor del best-seller «Mystic River», que fue llevado a la gran pantalla por Clint Eastwood, y de la novela “Adiós pequeña, adiós”, con la que Ben Afleck debutó como director de cine.
Dos oficiales federales Teddy Daniels (Leonardo Di Caprio) y Chuck Aule (Mark Ruffalo) son destinados a una isla apartada, cerca del puerto de Boston para investigar la desaparición de una asesina a la que todos definen como muy peligrosa (Emily Mortimer) confinada en el hospital psiquiátrico Ashecliffe, un centro penitenciario para criminales dementes, dirigido por el espeluznante doctor John Cawley (Ben Kingsley). Pronto se darán cuenta que el centro guarda muchos secretos, y que la isla esconde muchos peligros aparte del que ya representan los propios residentes, una auténtica locura será investigar lo que ocurre dentro de esas paredes. Se desarrolla en el año 1954.
Los seguidores de Scorsese y Di Caprio ya sabemos del buen feeling que tienen en sus apuestas cinematográficas, hace tiempo que demandábamos este trabajo, un espectacular ejemplo de habilidad y compenetración de ambos.
El buen guión ayuda mucho para que la narración se desarrolle con una continua expectativa y suponga un gran derroche de adrenalina para el espectador que no puede quitar la vista de la pantalla, pues realmente lo que se refleja es una lección de buen cine, giros continuos de cámara, planos medios del protagonista con el gesto torturado, reflejo claro de sus demonios interiores, lo recóndito del centro psicocarcelario, tan exacto, tan verídico, tan brutal. Nos lleva toda la narración de la mano de la trampa, del miedo, con una casi excesiva intriga, Inteligentísima y rebosante de buena calidad. Nos trae una historia adulta, que logra enganchar desde el primer momento, no tienes claro qué es lo que está pasando y esa duda la hace más interesante.
En fin, una película, en la que sin necesidad de buscar en el subsuelo de la historia, el interior, su relleno narrativo, la relación entre los personajes, todo eso funciona perfectamente. Rezuma emoción el clima y la intriga sin tener que colarla por un filtro de manual de psicología
El equipo de actores, magnifico, ofrece una aportación importante en el metraje, muy bien todos, pero yo tengo debilidad por Ben Kingsley. Este actor sin ser principal llena la pantalla en cada momento que aparece. No puedo dejar de mencionar la música muy presente en toda la película.
Cuando la veáis ya comentaremos, para mí, es de esas películas que cuando termina te tienes que sacudir el hielo.
Cuéntame…