Crítica: Resident Evil Ultratumba

CartelComo un eslabón más en la cadena de  obras del cineasta, Paul W.S Anderson, (ésta es la décima y la cuarta de la saga basada en el videojuego) “Resident Evil Ultratumba” está ubicada en una parte de América donde una infección por virus transforma a sus víctimas en muertos vivientes. Este mal, creado por los científicos de una organización llamada Umbrella, se ha apoderado del lugar, Alice (Milla Jovovich) continúa su viaje en búsqueda de sobrevivientes para conducirlos hacia un lugar seguro. Su cruzada sin fin contra sus rivales de Umbrella alcanza nuevos logros; en esta ocasión, Alice recibe ayuda insospechada de antiguas amistades, una ayuda que llega en el momento necesario y que  promete una protección indudable contra los zombies. Juntos, siguen la singladura, protegidos hacia Los Ángeles, pero cuando llegan este sitio está lleno, no se puede pasar, la ciudad entera se halla habitada por bandas de muertos vivientes, y Alice y sus compañeros tendrán que espabilar o los malos les pueden enganchar.

En el reparto, acompañando a Milla Jovovich, Wentworth Miller, Boris Kodjoe, Shawn Roberst, Ali Larter,  y el español Sergio Peris-Mencheta en el papel de Ángel, con una pequeña aparición.

Anderson es un director que podríamos decir, divide opiniones entre gran parte de la crítica, en cuanto a la aceptación de sus trabajos. Sus películas se saltan todas las normas y las leyes cinematográficas, no tienen trazado fílmico, no son coherentes en sus contrastes, pero son taquilleras. “Resident Evil Ultratumba” se alza con una taquilla de enormes cifras, esto es un fenómeno que hay que tener en cuenta.

Así las cosas,  ya sabemos que Anderson no presenta tampoco en esta ocasión un trabajo transgresor, como tampoco nos da una trama trabada, de esta forma estamos en presencia de un producto de acción con flecos de pánico, que no llega a conseguir la empatía de los espectadores, que no nos sentimos atraídos por nada de su contenido, los diálogos llegan a alturas insospechadas de lo ilógico, hay al principio unos veinte minutos en los que la acción te puede calar, pero a continuación se pierde en una trama absurda y falta de emoción, con variantes poco atadas y demasiados inconvenientes.

“Resident Evil Ultratumba” es bastante inaceptable como producto final. No tenemos nada, ni incluso para los amantes del videojuego, veamos, diré lo que yo he visto, si bien la acción funciona, es convencional y positiva, y los efectos 3d tienen una entretenida efectividad, (formato aquí empleado para llenar las arcas y  que el  director aprovecha como gancho), lo demás, todo el entramado, guión, personajes, todo es tratado de forma inverosímil, la aventura que nos muestra no tiene magnetismo ninguno, es un cine pirotécnico y ruidoso, justo la configuración de un mundo enloquecido sin sentido ni racionalidad.

Anderson,  que también es autor del guión, pierde el pulso de la narración y nos regala una película vacía, insensata y falta de oficio.

En cuanto a mí debo decir  que me ha parecido una exageración deslucida este coctel de muerte, sabía que me arriesgaba…

Crítica: Bright Star

CartelAños y muchas películas han pasado, desde la sobresaliente “El Piano”“Bright Star” , es otro paso adelante en la filmografía de Jane Campion, con guion creado por ella misma, basándose en la biografía que el escritor inglés Andrew Motion escribió sobre la vida de John Keats.

Campion nos ofrece múltiples atractivos. Ha realizado un drama romántico, desarrollado en la campiña inglesa, que se basa en los últimos años de la vida del poeta. El impulso de la película se centra en el conflicto de sentimientos que debe atravesar el escritor.

Keast (Ben Whishaw) es un chico de veintitrés años, apenas se ha asomado al mundo, no tiene dinero, ni casa, sólo tiene un hermano enfermo al que le dedica sus cuidados. Al morir su hermano, Keats va a vivir con su amigo Brown (Paul Schneider),  su benefactor, cuidador y protector. Keast corresponde a su ayuda con las hojas manuscritas que cada día le brinda su inspiración. El amor de Keats por Fanny Brawne (Abbie Cornish) es tan maravilloso y tan inmenso que lo tiene postrado en los límites de lo soportable, es desmedido para un espíritu sensible como el suyo. Fanny es más entregada y expresiva, pero siempre topa con un obstáculo, el señor Brown, que protege a Keast de ella. Este hombre cree que la chica es perjudicial para la creatividad del joven. Fanny y Keats logran momentos íntimos inusitados, pasan juntos un tiempo hermoso, en el que él le regala a su amada sus versos, su amor, y su capacidad de sentir el latir de su ternura.

La película narrada con la seriedad de esta inteligente directora, tan minimalista en pretensiones, carente de ampulosidad, como lograda en su justa medida.

La adaptación visual muy lograda, y más si tenemos en cuenta la época en la que se basa, que pone de manifiesto el talento de Campion al lograr climas verdaderamente bucólicos. En ningún caso “Bright Star” es empalagosa ni está edulcorada, es una narración tranquila centrada en la vida de un poeta, considerado como el principal exponente del movimiento romántico inglés. John Keats, nacido en Londres, sufrió una infancia desgraciada, tuvo una corta vida y murió en Roma, después de codearse con los más importantes escritores de la época

Brillan los tres protagonistas, sin destacar a ninguno. Eso sí, quiero dar una mención especial a la niña que interpreta a la hermana de Fanny, es una monería de niña y trabaja su papel fenomenal, también comentar que Ben Whishaw antes del rodaje aprendió a escribir con la pluma antigua, por tanto, los manuscritos que aparecen en la película están elaborados por el actor.

“Bright Star” tiene un metraje quizás un poco largo, visto por una espectadora que sin embargo sigue recreándose en la belleza visual de una película brillante.

Crítica: Un juego de inteligencia

CartelNo suelo comenzar hablando de la trama pero haré una excepción con “Un juego de inteligencia”. Productor de televisión, ésa es la profesión de Rainer (Moritz Bleibtreu), y haciendo programas basura tiene un enorme éxito, programas necios y mediocres, con los que se lleva las máximas audiencias. Un día conduciendo bebido y hasta arriba de coca, tiene un accidente, cuando se recupera, se pone a trabajar en un proyecto más serio, pero éste, es un fracaso de audiencia, en ese momento Rainer con una amiga que conoció en el hospital, Pegah, (Elsa Schultz Gambard) consigue agrupar a algunos hombres parados, algún marginado social y se embarcan en una  aventura de medición de audiencias y de sabotaje.

Al empezar a hacer esta crítica de “Un juego de inteligencia”, me pregunto si es efectivo hacer una película con variantes tan ilógicas y poco creíbles, nos habla de un hombre con éxito que despilfarra su estatus y el director, Hans Weingartner, nos lo cuenta de una manera rígida que se torna cargante y se va gastando en su desarrollo. El guión, poco exprimido, muestra una historia totalmente engañosa, como es que a un rico productor de programas de éxito en televisión se le cambie el chip y un día salga a la calle y sea un proletario reivindicativo, esto no hay quien se lo crea, la  gente así no se baja de su esfera. Cuesta imaginárselo, no me imagino a los productores de las dos cadenas de programas basura que tenemos en España, bajándose al nivel mínimo, para que la mayoría de los espectadores veamos programas de cultura, no.

“ Un juego de inteligencia” se queda simplemente en una idea no desarrollada, un film que lamentablemente se sitúa en la categoría de película sin atractivo ni alternativas lógicas, sólo queda en la buena intención de mostrar lo imposible, pues omite la idea de que hay muchos muros que romper para lograr una cosa así.

Hans Weingartner juega con un tipo de cine poco formado (expositivamente hablando) en el que gente de otro nivel social, nos viene a solucionar los problemas que los espectadores tenemos, pero que sin embargo en realidad no hay nadie que tenga un descenso a los infiernos. No, y no, desde ningún punto de la lógica. No es una mala película, ”Un juego de inteligencia” contiene momentos de buen cine y como ya he dicho la idea es buenísima, pero contada de otra forma hubiésemos tenido mucho que decir, y que hablar. En esta cinta se echa en falta aquel director que hizo “Los Edukadores”, bueno, un traspié lo tiene cualquiera, hasta los mejores tienen en su filmografía alguna película de la que no quisieran acordarse

Moritz Bleibtreu y Elsa Schultz Gambard, fenomenales en sus respectivos papeles, sobre todo él que representa un personaje complicado, el resto del reparto muy adecuado, bien elegido.

“Un juego de inteligencia” en el año 2007 estuvo nominada en San Sebastián a la Concha de Oro.

En resumidas cuentas, no aburre pero cuenta poco para lo que quiere demostrar, yo la recomiendo para espectadores que quieren ver cine con el cerebro en off.

Crítica: Vincere

Cartel«Vincere». No son muchas las veces que toca elogiar a un director de cine y a la amplitud de su obra, como en este caso lo haré con el cineasta italiano Marco Bellocchio, hombre de pensamiento y compromiso social y ciudadano inconformista, su vida tiene el aire de sus películas, hay en él una fuerza que golpea imprimiendo su propia experiencia cotidiana en sus creaciones. Ha dirigido más de una treintena de películas, siempre a caballo entre la historia y la política, sus películas son una muestra incomparable de la actualidad de lo atemporal. Entre otras muchas, Bellocchio nos ofreció “La sonrisa de mi madre”; “La Gaviota”, sobre el texto de Chejov; “Enrique IV” y “Buenos días Noche”, en donde muestra el secuestro de Aldo Moro, primer ministro italiano, por militantes de las Brigadas Rojas, película que por su calidad y la polémica que ocasionó, fue muy reconocida y premiada. De la verosimilitud y los procedimientos utilizados depende siempre la eficacia de sus películas, de forma natural, de hecho, casi  sin decir nada, nos sumerge en un minucioso fresco histórico.

La película de la que hablamos, “Vincere”, nos revela una parte escondida de la historia del dictador Benito Mussolini (Filippo Timi) en un retrato inequívoco, muestra a su mujer y a su hijo injustamente repudiados por los intereses del opresor. Ida Dalser (Giovanna Mezzogiono) es su esposa, en los tiempos en que Mussolini es un joven dirigente del partido socialista italiano, él quiere triunfar a costa de lo que sea. Ida, que esta perdidamente enamorada y que espera su primer hijo, lo vende todo, su apartamento, su sastrería, su salón de belleza, las joyas, todo, incluso los muebles, por su marido. Con ese dinero Mussolini funda el periódico “Il Popolo d´Italia”, (publicación que después sería el corazón y la raíz del fascino italiano). Por esas fechas, estalla la primera guerra mundial, él desaparece de la vida de Ida Dalser y cuando logra encontrarle son despreciados ella y su hijo. Ida luchará con todas sus fuerzas por lograr recuperarle y que sea un padre para su hijo pero este hombre ha cambiado, está casado con otra mujer y se mueve en los campos del fascismo.

Apacible, estimulada por excesos de realismo y la estética de Bellocchio y Daniele Cipri, “Vincere” utiliza imágenes oscuras, reales en blanco y negro, algunas tan levemente tratadas que parecen de relleno pero que dan el tono para cubrir un tema amplio de aspectos profundos. Si a ello le sumamos la tensión en el desarrollo, la interpretación de todo el conjunto de actores, continuamente invitando al espectador a la complicidad de su actuación (Michela Cesmon, Frabrizio Costella, Fausto Russo Alesi), además de un gran elenco de secundarios y la música de Carlo Crivelli, con esas  bellas partituras que adornan al compás toda la galería de imágenes de este seudo-documental, conseguiremos una obra completa.

La importancia añadida de “Vincere” está en que realmente tengamos la oportunidad de aprender con cada fotograma lo que la historia nos ha dejado.

Ha sido premiada en Cannes, Telluride, Toronto, Nueva York, en el Festival de Cine de AFI,  en el FIB de Chicago y en los Premios del Cine Europeo. No es una película de gran taquilla, de hecho en Madrid sólo se proyectaba en siete cines.

Es una buena película de autor acostumbrado a seguir las andanzas de las sombras, dándoles una oportunidad para revivir.